martes, 22 de abril de 2025

"Memento Mori" y el último de los estoicos.

Podríamos atribuir a las disertaciones aurelianas, un carácter personal e intimista. Una suerte de diario espiritual dónde Marco Aurelio se confiesa a si mismo como un alma atribulada por los pasos, cada vez más próximos de la muerte y su obra en esta vida. 


Es la obra, una catársis de una anábasis continúa y continuada; una introspección disciplinada y un examen riguroso sobre la única búsqueda y la única ambición que tiene sentido; el areté. Y es que la posesión de aquellos bienes que el alma busca afanosamente distrayéndose de este nobilísimo fin por la confusión del cuerpo en pos otros de muy poco valor y sustancia, como son las posesiones materiales, la fama, la celebridad ó el poder, es la única empresa que habría que emprender en este mundo. 


El principio del Omnia Mutantur (Todo está en un continuo cambio; de integración a disgregación en tan poco tiempo que la renovación es un principio de la realidad) es una preconcepción a considerar siempre antes de acometer cualquier esfuerzo ¿Qué sentido tiene procurarse las pompas y las riquezas de este mundo si nuestro paso por este es tan breve y contingente? 


Aquí cabría la misma crítica que se suele hacer respecto a Séneca con su estoicismo de palacio. Marco Aurelio no era un eremita desposeído como Epicteto. No. Era el hombre más poderoso y uno de los más ricos de su tiempo y es muy fácil predicar desde la incongruencia. 


Esa frugalidad que predica; ese desprendimiento y desprecio por lo material mientras dormía entre sabanas de seda, no obstante la potencia doctrinal del estoicismo podría ser una de las razones por las que no ganó la partida de la hegemonía ideológica; siendo eventualmente avasallada por una predica proveniente directamente desde las cloacas de la ciudad. 


¿Son las meditaciones de Marco Aurelio un ejercicio de autopromoción? Conocedor de su trascendencia -Aunque pretendiese mostrarse como un escéptico sobre la memoria de la posteridad- al ser un emperador de la construcción politica más importante de la historia de la humanidad ¿Sabría que el juicio de la historia le blanquearía por legar un testamento moral? -Aunque legando en carne viva al mundo,un ser tan abyecto, terrible y ruin como el vulgar Cómodo que dista muchísimo de su ideal estoico-.


Ya fuese un ejercicio interesado ó una honesta disertación sobre el significado de la vida y nuestro papel en este mundo, sea como fuera, hay algo que es indiscutible. En vez de perderse en el autoelogio; en la complacencia y contemplación de un deber cumplido y de una trayectoria personal envidiable, en los honores pasados, presentes y futuros que detentaría, pareciera que lo único que le atormenta en los últimos días de su vida es su integridad moral. No por miedo a un castigo divino, si no como un imperativo para justificar su paso por la vida. 


No vivas como si fueras a vivir diez mil años. Tu destino pende de un hilo. Mientras estés vivo, hazte bueno. 


martes, 16 de julio de 2024

Manlio contra Camilo: El nacimiento del populismo (I).

 Manlio podría haber pasado a los anales como uno de los héroes romanos contra la invasión gala; fue quien escuchó el graznido de los cisnes en el templo de Juno Moneta, justo cuando los galos intentaban tomar por asalto la ciudadela con nocturnidad. Pero el mal de la hybris se apoderó de su existencia y los dioses siempre castigan severamente tal insolencia. En el orden natural de las cosas impuesto por las deidades, nadie debe ambicionar más de lo que es y de lo que buenamente está destinado a hacer en esta vida. 


Envidiaba profundamente los honores de Camilo. Anhelaba las ovatio y los triunfos del tribuno y dictador. Aunque Camilo es uno de esos hombres que aparecen cada cien años en cualquier lugar y Manlio era tan pedestre y tan común que la sola comparación entre ambos es oprobiosa para el héroe de Belles. No obstante, Manlio era un avezado manipulador y un creativo escenógrafo cuyas dotes harían palidecer de estupor a Sófocles ó incluso al propio Esquilo; un embaucador de la plebe que sabía que cuerdas tocar en la desafinada orquesta del gentío carente de orden y concierto. 


Sin duda es el fundador del partido popular romano. Ni siquiera César era tan ingenioso para halagar a la plebe ó el propio Augusto les tenía tan plácidamente comiendo de su mano. Siempre hubo tiranteses entre la plebe y el patriciado y los tribunos de la plebe desde la instauración de su magistratura, siempre tuvieron animadversión al Senado; incluso en alguna ocasión, la plebe amenazó con abandonar Roma huyendo al Esquilino, pero nunca antes había existido un conflicto civil de las proporciones que despertó Manlio entre la ciudadanía romana. 


El anatocismo, era una práctica común en la Roma republicana. Había familias de muy rancio abolengo cuya actividad usurera era prácticamente el total de las rentas que devengaban (Como la tristemente célebre gens Claudia) y era una extendida actividad económica que gracias a las estrictas leyes contra los deudores (Un deudor podía perder la vida o la libertad) asfixiaban a las modestas familias plebeyas. La lucha contra la usura fue su bandera y no obstante de guardar en su casa la memoria de insignes cónsules y siendo senador desde los veintitrés años, abandonó su preeminente linaje y se entregó a asusar al populacho para asaltar la institucionalidad republicana y hacerse con el poder a hombros de la plebe. 


¿Era una causa justa? Desde luego que lo era. En cualquier sociedad civilizada como demuestra la propia historiografía romana, abandonar el anatocismo es un imperativo moral que debiera sancionar la ley.  Ese espíritu de justicia sin duda inspiró causas igualmente justas y encomiables como la promulgación de la Ley Hortensia. Pero Manlio no lo hacía para beneficiar a los más desfavorecidos, que con motivo de la destrucción de la ciudad habían perdido todo cuanto tenían. Lo hacía en un desquiciado frenesí para prevalecer por encima del hombre más valioso que había parido hasta ese momento la república romana; para ser más que el ilustre Camilo. 

lunes, 1 de julio de 2024

De tiranos, dictadores, déspotas y autócratas.

 Se utiliza hoy en día con gran ligereza, el término "dictador" y es usual tildar a cualquier politiquillo mediocre de "tirano". Y ambos conceptos, usados tan arbitrariamente casi en cualquier oportunidad para llenar de oprobio al contrario, han sido desprovistos de su significado real y devaluados en el habla común a un punto que cualquier palurdo de medio pelo puede compartir las insignias de augustos prohombres que definieron la historia de la humanidad; que gigantes de la talla de César o Sila, en su inconmensurable medida, tengan que compartir la palestra con guiñapos tan contingentes e irrelevantes como Pedro Sánchez, Nicolás Maduro ó López Obrador. 


Vayamos con Tito Livio, que como en casi cualquier tema, en su Ab Urbe Condita nos provee de la autoridad sapiencial para abordar cuestiones tan alejadas en el tiempo pero que vuelven a nuestra cotidianidad, por su extendida bastardización conceptual. 


Sabemos de la aversión romana a la monarquía, fuente de todo mal en el estado y de todos los vicios públicos. Conocemos de la expulsión de la gens Tarquinia (Que es un bellísimo relato que hemos abordado en otro momento, y que comparte grandísimas similitudes con la expulsión de los hijos de Pisistrato en Atenas e incluso su régimen sustitutivo, la república romana, emula las instituciones del régimen de Solón). 


Conocemos los entresijos y pormenores del decenvirato; la infamia de los diez "Tarquinios", la lascivia de Appio y el escándalo de haber tratado de reducir a la esclavitud a Virginia para satisfacer sus más bajas pasiones. Tenemos, en términos generales, una idea bastante clara de lo que para los romanos era, la virtud en el ejercicio del poder y sus categorías conceptuales que deberían ser torales para nosotros. 


El autocrator, per se, no es un mal en si mismo. La ilegitimidad del poder y su desprecio a la institucionalidad es aquello que lo envilece. Ello se corresponde con el término Tirano adoptado desde la tradición política griega; el poder omnímodo, ilegítimo y sin cortapisas de ninguna índole. Tenemos a este respecto a los célebres tiranos atenienses (Hipias, Pisistrato o incluso el cuerpo colegiado de los treinta tiranos).


Los romanos utilizaban indistintamente el Tirano así como el Déspota, pero este con connotaciones aún más infamantes: relacionado con los reyes orientales y su ejercicio obsceno del poder; el déspota denotaba también características barbarizantes y para los romanos, todo aquello ajeno a la recta normalidad romana era cuanto menos, sospechoso de ser algo primitivo. El término cayó en desuso en la época imperial (Curioso es, que el basileus helenísitico fue un paradigma y modelo de sofisticación ya en épocas tardoimperiales) y se retomó de las fuentes clásicas en la baja edad media. 


 La dictadura era una magistratura extraordinaria, perfectamente legítima e institucional, que servía para plantar cara a situaciones de extrema necesidad en el estado romano. Tenemos el paradigmático caso de Cincinato que se despojó de las insignias de dictador al cabo de unos días (Una vez saldada la cuestión de la invasión de los galos) y que volvió como un ciudadano privado a sus asuntos particulares. Pero Cincinato no es sino uno de cientos de ejemplos de dictadores a lo largo de los siglos de Roma. Salvo los dictadores tardorepublicanos, fue una magistratura extraordinariamente efectiva y cuyo ejercicio fue en la mayoría de los casos, intachable. 


Tenemos la figura de interrex menos conocida, investida de todas las dignidades y atribuciones. Que se instituía al tener vacante el consulado y que organizaba la elección de cónsules; también ejercida con ejemplaridad a lo largo de quinientos años. 


Están igualmente los tribunos consulares. Dignidad que investía a los tribunos de la plebe (El gran contrapeso del aparato estatal patricio) del imperium para comandar a las legiones de la república. En ocasiones el senado nombraba un interrex y en otras más, daba plenos poderes a los tribunos. Y había ocasiones en que los tribunos ostentaban la atribución consular durante más de diez años. Con cierta reticencia de la nobleza romana, sí, pero con el respaldo de la institucionalidad republicana y con un ejercicio legítimo emanado de sus leyes.  


Es pues que utilizamos categorías más viejas que el pecado mismo, desarrolladas por un pueblo que instituyó casi todo lo que podemos llamar civilizado que no se corresponden con nuestro mundo. No somos capaces de describir nuestra propia realidad política en nuestros propios términos. 


Y así ya cualquier pintamonas de la política es un dictador por que a algún iluminado se le ocurrió que era un término oprobioso cuando en su contexto y en su tiempo, los dictadores eran llevados en hombros hasta la puerta de su casa, por la grandísima admiración que les profesaba la gente. Y de los demás términos aquí descritos brevemente, si bien infamantes y que trascienden su propia realidad histórica, son una suerte de caricatura grotesca que busca más ofender que describir. 

sábado, 8 de junio de 2024

La monarquía de la infamia y la República del honor (Rómulo y Lucio Junio Bruto).

 La Roma Quadrata original, no era si no un pantano desecado lleno de hombres con un pasado cuestionable en las ciudades adyacentes del Lacio. Rómulo instituyó el derecho inviolable de asylum; cualquier hombre que llegase pidiendo paz y libertad, entraba bajo la protección del Estado. Como muchos estados del pasado, los cien patres originales de Roma habían sido previamente esclavos, delincuentes o miserables en otros lugares. 

Miles de hombres solos con mucho pasado, empezaron a sentir necesidad de mujeres. Y les pareció adecuado raptar a sus vecinas de las ciudades sabinas. Tito Livio nos habla de un festival organizado por Roma para estrechar lazos con las ciudades circundantes y mostrarles la magnificencia y belleza de la ciudad; los romanos invirtieron todos sus ahorros en un lujoso banquete para agasajar a sus vecinos. Y mientras los sabinos departían plácidamente, de las siete colinas de la ciudad bajarían agresivamente los romanos y se llevarían a las mujeres que acompañaban a los incautos sabinos. 

En su mayoría, eran hijas y hermanas (Fueron liberadas aquellas casadas). Y fueron repartidas entre los civites en razón de belleza y edad, siendo el baremo la importancia social de cada uno. La finalidad, más allá del divertimento sexual era brindar progenie al nuevo estado. 

Mientras tanto los sabinos demoraron mucho tiempo en organizar una alianza militar contra Roma para recuperar a sus mujeres. Finalmente, entraron subrepticiamente a la ciudadela romana y comenzaron a guerrear a traición con las desprevenidas legiones romanas acuarteladas cerca del palatino. Fue una batalla cruenta y brutal, donde parecía que los romanos serían arrasados. 

Antes de que pudieren ser aniquilados, Plutarco nos regala una bellísima frase que probablemente recitó Hersilia (La más bella de las sabinas y la esposa de Rómulo) interponiéndose entre el rey sabino, Tito Tacio y el propio Rómulo aveniéndolos para qué dejasen de combatir. 


*La representación de David. Mi favorita de lejos. 

"Padre, donde antes había una hija hoy hay una madre; y dónde antes enemigos, hoy hermanos y familia". 

Y de este modo se asimilaron ambas poblaciones por medio de la violación multitudinaria de mujeres. El tiempo siguió su marcha y por cerca de 244 años, Roma creció y se fortaleció en la región, convirtiéndose en el más preeminente y poderoso estado latino; pero el último de sus reyes, Tarquinio el Soberbio (Quien había llegado al poder por medio del asesinato y la traición) marcaría el inicio de una nueva era de la antigüedad involuntariamente desde la infamia. 

Lucrecia, nos describe Tito Livio, era una mujer virtuosa y temerosa de los dioses, que cuidaba diligentemente de su casa. Viendo la virtud de esta buena mujer (Que muchos autores modernos identifican como matrona; lo cual no tiene ningún sentido por qué su virtud era la de una mujer joven), el hijo de rey, Sexto Tarquinio, ambicionaba con despojarla de esta. 

Entró por la ventana con nocturnidad a su habitación. Le violó salvajemente, y le pidió que guardase el secreto de tan infame crimen, so pena de matarla ahí mismo y meter dentro de su cama el cadáver de un esclavo. Lucrecia accedió para preservar su vida. 


*El Tiziano es, delicioso. Una de las mejores respresentaciones del relato

Lloró desconsolada durante varios días y finalmente decidió quitarse la vida al no poder recuperar su honor. Le pidió tanto a su padre, Tricipitino, a su marido, Colatino y su hermano, Lucio Junio Bruto que si realmente eran hombres, resarcirían la afrenta con la vida del criminal y restaurarían el honor arrebatado. Se apuñaló en el vientre y el destino de la dinastía Tarquinia se sellaría para siempre con la sangre de esta buena mujer. 

Bruto con este evento construyó un movimiento político y militar que eventualmente derrocaría a la monarquía e instauraría el régimen republicano que ha servido de modelo e inspiración a miles de naciones a lo largo de la historia de la humanidad. Pero el detonante fue sin duda, el resarcimiento de la virtud femenina. 

Y el paralelismo es curiosísimo. Del rapto y la violación en los pilares fundacionales de la monarquía, al respeto y honor de las mujeres en la república. Es como si los valores romanos hubiesen cambiado durante el tiempo transcurrido. 

Y es como si la defensa al honor de una sola mujer, lavase el origen mismo de la fundación de la ciudad. Como si la virtud de la mujer más piadosa de Roma reivindicase la afrenta a cualquier mujer que hubiese existido antes o después de ella. 







miércoles, 29 de mayo de 2024

La sincronicidad jungiana y la causalidad.

El fenómeno de la sincronicidad, es el que describe Jung como aquel donde convergen el pensamiento y un hecho de la realidad, sin que exista relación causal entre ambos. Para Jung, la sincronicidad, es el concepto que describe ciertos acontecimientos que no tienen explicación por medio de las ciencias empíricas (Donde el principio de la causalidad no puede verificarse). La sincronicidad, es su explicación a lo sobrenatural y a la magia; a los fenómenos de la metafísica (En su concepción moderna y no en su acepción filosófica). Y es que la realidad psíquica, tal vez discurra más allá de lo que entendemos como espacio y tiempo; tal vez tenga una entidad de una naturaleza desconocida. 

Sincronicidad y causalidad, son antitéticos y excluyentes. Y es que ambos conceptos parten de dos formas de entender el mundo. El pensamiento occidental y el cientificismo, explican la realidad en tanto que todo es una sucesión de efectos. Y el pensamiento de la antigüedad y de las tradiciones orientales creen más en explicar la realidad estudiando los hechos no como consecuencia de una infinidad de causas previas, si no como el designio de una voluntad superior; como algo previsto y gestado en un plan que lo abarca, todo. 

Jung buscaba en los hechos de la física, alguno que escapase a la causalidad y le permitiese enriquecer el desarrollo de su sincronicidad. Y justo después de su muerte, tenemos la física de las particulas en la cuántica. Donde la materia puede ocupar diversidad de espacios en distintos momentos; una misma particula puede estar en un lugar y en otro al mismo tiempo; ni la estadística, ni la probabilidad ni ninguna construcción lógica apoyada en la causalidad puede preveer su desplazamiento ni su simultaneidad espacial. 

La cuántica desafía frontalmente a la causalidad. Con demostraciones empíricas y verificables. Y aún así, no rompe la realidad. Simplemente demuestra que el fundamento que creíamos incontestable y que nos protegía de la imprevisibilidad del caos, se ha desmoronado como un terrón de azúcar en el café ante nuestros propios ojos y estamos indefensos de nueva cuenta ante el terror del azar. 

Creo, con mucha certeza, que el afán del ser humano es entender el universo en su infinita complejidad. Y que en ese empeño gastaremos nuestra existencia como especie, hasta encontrar las primeras causas que nos conviertan en los dueños absolutos de la realidad. 

Desde aquella primigenia noche en la historia en que salíamos de una cueva, comenzábamos a erguirnos y vimos el ciclo de los astros que mantenía dios, ambicionamos ese orden y tratamos de imitarlo en nuestra primera y humilde condición donde apenas nos desprendíamos de la bestialidad. Y el mundo que hemos construído, es ese emulo del orden preestablecido y entre más nos acercamos a él, nos sentimos más dignos y más alejados de aquel primer momento. 

Pero el tejido de la realidad puede ser aún más complejo de lo que podemos imaginar y entender. Tal vez, nuestro afán es demasiado ambicioso. 


miércoles, 15 de mayo de 2024

Sila y los estertores de la república.

De entre todos los grandes hombres que dieron entidad al convulso siglo I a.C., hay uno que pasa casi desapercibido; casi como un advenedizo en la historia de Roma opacado por el fulgor de Cicerón o Julio César. Lucio Cornelio Sila; la quinta esencia del tirano -Tal vez más vilipendiado en la historiografía romana que Tarquinio El Soberbio- y que sin embargo delineó los ejes del poder omnímodo. 


Si hablamos de Sila, necesariamente tenemos que hablar de su contraparte, Cayo Mario. Y es que la dicotomía de ambos personajes es similar a la de Julio César-Pompeyo ó a la de Octavio-Marco Antonio. Dos hombres con una entidad colosal a los cuales la escena política romana les quedaba muy pequeña.


Y sin embargo, Mario y Sila gobernaron y ejercieron plenamente el poder. A la muerte de Mario, llegó el régimen de Sila que tiene unas particularidades, de un interés especial. 


Solía arengar desde la rostra en el foro, con la cabeza de algún enemigo clavada a una pica que sostenía y con la que acompañaba los ademanes de su discurso. Mientras se votaba alguna ley en el Senado, se escuchaban los gritos de dolor de sus víctimas (En un sólo dia, asesinó a 6000 opositores) a lo que él solía comentar, para quitar hierro al asunto: "Los lictores habrán aprehendido a algún otro ladrón. Cada día son más eficaces". 


Instauró las primeras proscripciones, una ley que marcaba con nombre a los opositores al régimen y que por ministerio de tal medida, podían ser emboscados y se les podía dar muerte por la calle sin ninguna consecuencia; los bienes de tales infelices eran confiscados y rematados en subasta pública (Se dice que el potentado Craso se hizo así de su fortuna; asistiendo diligentemente a las subastas de las víctimas de Sila para hacerse con grandes heredades a precios de risa). La institución de las proscripciones volvió a utilizarse en el segundo triunvirato para purgar a la oposición de Octavio, Marco Antonio y Lépido (Para dar muerte a los cesaricidas y a sus adeptos). 


Es el primero en erigirse como Dictador perpetuo (Más tarde lo haría el propio Julio César). Se colmó de todos los honores (Incluso Pater Patriae) y dada su afición al teatro griego, solía despachar desde tal recinto, en el que permanecía días enteros entre orgías, comilonas y recepciones. Era un hombre delgado, pelirrojo y con unos profundos y enigmáticos ojos azules. 


No murió asesinado, ni fue depuesto de ninguna manera. Generosamente, un día decidió entregar el poder al senado y marcharse a su finca de campo a labrar la tierra (Cual Cincinato). Arengó de nueva cuenta desde el foro en su último acto público (Esta vez, sin miembro humano alguno para dar fuerza a sus palabras); que si alguien tenía algo que reprocharle sobre su gestión, se lo reclamase directamente ahí mismo. 


De entre sus últimas medidas, fue levantar las sanciones a Julio César, quien por una proscripción estaba exiliado y su familia en la práctica indigencia. Cuenta Suetonio que a este respecto, aunque accedió a perdonarlo, se notaba un gesto de incredulidad en su rostro, y dijo para si mismo y para aquellos que estaban lo suficientemente cerca para escucharlo: "Veo en la ambición del joven César, a muchos Marios". 







viernes, 10 de mayo de 2024

Todo lo que amaste ya no existe.

El tiempo corre y se lleva, con su inefable y despótica fuerza nuestras vidas. Se van las experiencias, efímeras e insustanciales que como un susurro desaparecen y solo perviven en el recuerdo. Se van las personas y con ellas, una parte de nosotros que reclamaron para sí, arrancandola inmisericordemente de nuestro corazón. Incluso los sitios se desvanecen; aquel café de la tarde, aquella playa de la infancia; aquella cabaña donde reíste durante toda una noche; vuelves y aunque es el mismo espacio ya no es el mismo lugar. 


También tú comienzas a marcharte. Llegará un momento en la vida, en que son más los recuerdos que el porvenir y que el espíritu de la profundidad, reclama tu conciencia para vivir por siempre en aquello que fue y que nunca más será. Abandonar la convulsa marcha de la vida y retirarte a aquel páramo frío y desolado para recrearte en la contemplación perpetua de todo cuanto amaste con intensidad. 


Las parcas ya han decidido cuando cortar el hilo de nuestra existencia y entre tanto, sólo nos toca esperar. Nuestra única esperanza es atesorar nuevas experiencias, nuevas personas y nuevos lugares y plantarle cara al tiempo. Para que cuando llegue el fatal momento, estemos tan inflamados de amor que la muerte sea un feliz reencuentro con todo lo que nos fue arrebatado. 


"su cuerpo dejará, no su cuidado; serán ceniza, mas tendrá sentido; polvo serán, mas polvo enamorado". 



Las reformas de Mario y la causalidad histórica

El ejército en el mundo antiguo, era una vocación aristocrática. Tanto la indumentaria, como los pertrechos, la maquinaria e incluso los cab...