miércoles, 27 de marzo de 2024

Francia y su (Malogrado) imperio.

La fulgurante campaña de Napoleón en menos de 15 años había puesto de rodillas a toda Europa y consolidado la supremacía militar del imperio francés. 
En ocasiones, se distingue cierta vocación a tal entelequia política (De corte "liberal/humanista'; promoviendo los valores más acabados, heredados de la revolución francesa). 

Waterloo pondría fin a ese meteórico ascenso y marcaría el inicio de la hegemonía anglosajona en el mundo entero. Siendo Francia y su efímero poder, un periodo relativamente fugaz en la historia del mundo; insignificante e irrelevante en términos reales. 

No sólo "La revolución devoró a sus hijos", si no que devoró su propia esencia y terminó entronizando a un tirano; el más absoluto y despótico que haya conocido alguna vez el mundo; que es la antítesis misma de la supuesta ilustración. El gorro frigio sustituido por la flor de lis de un plumazo y asumido como una consecuencia lógica; y es que el sucedáneo de la psicosis colectiva revolucionaria no podría ser otro que una carnicería aún más cruenta y mucho más delirante. 

Nunca existió un proyecto imperial. Se construía sobre la marcha y sobre la efímera victoria de las bayonetas se planificada a cortísimo plazo. Más allá de anécdotas y ocurrencias, Napoleón jamás tuvo un proyecto geopolítico. La venta de La Louisiana desnuda de cuerpo entero el anodino proyecto del régimen napoleónico. Incapaz de preveer cualquier consecuencia; sin inteligencia ni estrategia ninguna. 

Ni las guerras napoleónicas ni la intentona fracasada de Napoleón III supusieron jamás un riesgo a la incipiente vocación imperial de los Estados Unidos. Lo veían como una bravata enloquecida sin orden ni concierto. Y más allá de la intentona fallida de establecer un proxy en México para pararle los pies a la ambición estadounidense (Tal vez la única acción que supuso una tactica geopolítica real, del aún más efímero proyecto imperial de Napoleón III) lo cierto es que los Estados Unidos jamas se tomaron con seriedad a los franceses. 

Detentar por un mínimo periodo de tiempo la hegemonía (Al menos el suficiente para que el imperio pueda ejercer su poder) sería lo elemental para hablar propiamente de un imperio. Francia desde el caos y la inestabilidad jamás la consiguió. Por lo que estrictamente, ni siquiera podríamos hablar de un imperio formal. Y es tal vez esa asignatura pendiente (Nunca haber construido un imperio y no haber podido capitalizar sus brillantes campañas militares) el gran escollo en la historia de Francia. 

El imperio que nunca fue. 

miércoles, 13 de marzo de 2024

Freud ante la posmodernidad (Y el reggaeton).

 En "El malestar de la cultura", Freud equipara a la cultura a una compulsión. Es una gran orgía simbólica que busca canalizar todo el frenesí instintivo, desde la represión personal. Haciendo de la cultura, por si misma, un lastre de la salud mental. 

El desprecio de Freud por el fenómeno cultural y su naturaleza que califica de neurótica, comprende el hecho de que la cultura busca la sublimación de los instintos. Sin los rituales y las convenciones culturales, seríamos libres de entregarnos a nuestras más bajas pasiones. 


Desde luego, que el grado de complejidad cultural de una determinada sociedad, marcaría el grado de desafección y de desprecio por nuestra propia naturaleza instintiva. Si bien existen los grandes mitos fundacionales de la cultura (Los primeros tabús, como la proscripción del incesto y los cultos animistas y totémicos), la sofisticación cultural no es sino un perfeccionamiento de esa incipiente cultura primigenia; un retruecano para la desafección instintiva. 


¿Pero qué sucede cuando las manifestaciones culturales lejos de enajenar nuestra propia naturaleza la exacerban? Lejos de la represión neurótica es la apología de los instintos más básicos. Un Brayan se entrega de lleno a sus pulsiones más rudimentarias. Sin reparo moral ninguno; sin el menor atisbo de mortificación y una Jennifer perrea intensamente sólo preocupada por el disfrute más inmediato y la retribución del placer más instantáneo. 


La contracultura de los márgenes sociales que se ha vuelto hegemónica por virtud de los medios de comunicación es la negación de la cultura misma en términos freudianos. Es una cultura que destruye a la cultura previa y la niega en su esencia. El "lumpen" en términos marxistas (Aquella masa social desposeída, alienada y embrutecida) marca el camino; es la vanguardia del futuro. 


Ello demuestra lo desacertado de la teoría cultural de Freud. O por el contrario, haría patente el hecho mismo que más que la cultura, es la moral la represora de los instintos. Pero dónde Freud ve causalidad, es una simple correlación y en un mismo marco cultural (El liberalismo) puede surgir una moral antitética a la moral previa. 


No sé yo, hasta que punto una moral que hace apología de la sexualidad más desenfrenada enarbolada por los parias y el detritus social; devenidos hoy en día por virtud de la propaganda en iconos culturales sea más valiosa que una moral de la represión de los instintos. En cualquier caso, Freud seguramente si viviese hoy en día, se debatiría entre la estupefacción y el asco más profundo. El reggaeton le mantendría completamente obnubilado en su complejidad ontológica; inmerso en una fascinación intelectual. 





La Odisea de Nolan y el wokismo como institución cultural.

 Nolan tiene un estilo propio y un nombre en la industria. Para nadie pasan desapercibidas sus obras y lejos de los tropos hollywoodienses q...