sábado, 30 de diciembre de 2023

Iacta Alea Est

Eatur, quo deorum ostenta et inimicorum iniquitas vocat. Iacta alea est. (Vayamos a donde nos llaman los prodigios de los dioses y la iniquidad de nuestros enemigos. La suerte está echada).


Son las palabras de Julio César transmitidas por Suetonio, antes de tomar la determinación de cruzar el Rubicón con sus legiones y contravenir el senadoconsulto que prohibía la incursión de tropas más allá de los limes de Roma -Prescripción adoptada para evitar sucesos como los de la guerra civil entre Sila y Mario-. Aquellos prodigios a los que se refiere, son relatados tanto por Suetonio como por Casio Dion. 


Un bellísimo joven, con un extraño resplandor blanquecino apareció entre los soldados tocando la lira. Cruzó el río y aunque su figura se había desvanecido, su música continúo escuchándose durante largo tiempo. El río quedó teñido de un hermoso tono rubí desde aquel momento hasta nuestros días. 


Podría ser el dios Apolo (Por la lira) o podría ser un simple sátiro del bosque. En cualquier caso, el prodigio de tocar aquella música cruzando el río, resolvió la cuestión para César de asaltar Roma. 


La iniquidad de los enemigos, hace referencia a la adversa situación de Julio César entre los équites y los senadores bajo la influencia de Pompeyo. Habían decretado que César no podía ser cónsul "in absentia". De haber cruzado licenciando sus tropas, seguramente hubiese sido apresado y eventualmente asesinado.


Es a partir de este evento en particular, que dio comienzo la segunda guerra civil romana, con la eventual victoria de César sobre Pompeyo. 

domingo, 24 de diciembre de 2023

El censo que nunca existió y otras falsedades evangélicas.

 Lucas nos habla de un censo sobre la población judía ordenado por César Augusto que convenientemente haría que Jesús de Nazareth (No de Belén) naciera en el lugar profetizado por Jeremías para el alumbramiento del Mesías. 


Si bien el censo era una práctica habitual romana, sólo estaba reservado para los ciudadanos romanos (El censo tenía un carácter electoral, fiscal y militar; todas obligaciones reservadas para la ciudadanía; la tributación bárbara era comunitaria y no individual). Hasta el principado de Claudio, comenzó a censarse a la población peregrina en provincia y fue hasta Caracalla que el censo provincial de ciudadanos romanos fue habitual. 


No obstante ello, Judea no era provincia romana, era un Reino cliente con una relativa autonomía. No había tropas romanas acantonadas -El campamento de legiones más cercano estaba en Siria- y no había autoridades romanas ejerciendo el gobierno de la ciudad- la prefectura ocupada por Poncio Pilato era una representación del emperador para salvaguardar los derechos y garantías de la población romana de la región -Había cuatro funcionarios, incluyendo al propio Pilato-. No existía una infraestructura estatal para llevar a cabo un censo en un territorio que por principio de cuentas, no era parte de Roma -Se convertiría en provincia hasta el principado de Vespasiano- y cuya población le era completamente indiferente. 


Herodes El Grande, supuesto perpetrador de la matanza de los inocentes, fue auspiciado en el trono por César Augusto. Es a los romanos a quienes debía su trono (Y a su pertinaz cacería contra los legítimos herederos del trono de Judea, a quienes asesinó uno a uno, sistemáticamente, antes de asaltar el poder). Ni siquiera era judío previo a convertirse en rey y el apelativo de "El Grande" se debe a su ambicioso plan urbanístico que incluyó, entre otras grandes edificaciones, el fuerte de Mazada y la fortaleza Antonia (En honor a Marco Antonio). No tenía la menor idea de profecías talmudicas, de la Torah, ni de auspicios religiosos. Fue rey por ser un romanófilo radical y si un niño hubiese puesto en duda su ejercicio en el trono el mismo lo hubiese matado con sus propias manos (Y no elaboraría un complicado y poco efectivo plan; era un hombre de acción más que de planes siniestros). 


jueves, 21 de diciembre de 2023

De Augusto a Cayo (Calígula): la decadencia moral de una dinastía.

De Augusto además de sus grandes gestas y de sus extraordinarios hitos, nos llegan por el testimonio de Suetonio, pequeñas licencias en el comportamiento ejemplar que se esperaría del Primus Inter Pares de la primera potencia del mundo antiguo. 

Repudió a dos mujeres antes de contraer matrimonio con Livia -Una embarazada de la que también desconoció la legitimidad del niño y otra con extravagantes hábitos de alcoba que le horrorizaban-. El adulterio en tan prominentes hombres como el propio Augusto era consabido y se deleitaba con mujeres jóvenes e incluso prepúberes -A las que reclutaba para su deleite su propia esposa-; era asiduo a lupanares y un consentudinario bebedor. 

Aunque siempre observador de la dignidad de senadores y caballeros, si en algún convite quedaba prendado por la belleza de la esposa de alguno, discretamente le llamaba, se perdían de la vista de todos y volvían al cabo de algunos minutos con el cabello revuelto. Siempre desde el respeto y la discreción más absoluta, como cabría esperar del talante de un príncipe. 

Tiberio era mucho más siniestro. En Capri, donde pasó la mayor parte de su tiempo como emperador, erigió el "Rincón de los deleites". Entre exquisitas esculturas de mármol que representaban grandes mitos de la cosmogonía grecolatina, correteaban desnudos niños varones de los cuatro a los doce años. Tiberio les aleccionaba en toda suerte de perversiones sexuales. Siempre tuvo debilidad por los más pequeños hasta el último día. 

En los sótanos de la domus imperial, tenía apresados a muchos disidentes donde les torturaba hasta la muerte. A diferencia de Augusto que toleraba la crítica, Tiberio era intolerante a la más mínima oposición. Entre los apresados en aquellas mazmorras que visitaba compulsivamente varias veces al día cuando estaba en Roma, se encontraban tíos, sobrinos y hasta uno de sus hijos. Le obsesionaba que alguien le arrebatase el poder. 

Se le relaciona con varios asesinatos con tintes políticos de entre los parientes de Augusto, siendo el más sonado el de Julio César Germánico; el militar más exitoso y el príncipe  de mayor ascendencia de la domus -Hijo de Antonia la Menor (Hermana de Marco Antonio) y esposo de Agripina la Mayor (La hija de Agripa)-. Y es que aunque Augusto había dispuesto que Tiberio fuera un emperador de transición para ceder el trono al glorioso Germánico, Tiberio decidió que conservaría más tiempo el poder. 

A la muerte de Germánico, hubo varios estallidos y levantamientos rebeldes por todos los rincones del imperio. La muerte de Germánico tampoco había sentado bien entre la plebe y en Roma se respiraba un aire de zozobra. Por lo que Tiberio decidió adoptar e instituir como heredero a Cayo Julio César Augusto Germánico, hijo del bien amado Germánico quien a la muerte de Tiberio fue recibido como el más querido gobernante del que las crónicas tengan registro en la historia; en hedor de multitud y a hombros de miles de ciudadanos romanos, Calígula comenzaba su principado. 

Calígula era un mote cariñoso entre la soldada para con el nuevo emperador; "Botitas". Dado que su madre le había confeccionado unas pequeñas Caligae cuando niño similares a las que calzaban los legionarios cuando este y su madre acompañan a su padre al frente. Y el principado de Calígula comenzó con los mejores auspicios y con el más fervoroso amor del pueblo romano. Y todo marchaba bien, y parecía tener el talante del propio Augusto y su ejercicio en el poder era ejemplar y modélico, hasta que enfermó. 


Le brotaron al cabo de algunos meses al frente del imperio unas extrañas fiebres y de un día para otro, su carácter, su semblante y su personalidad cambiaron radicalmente. Algunos creen que eran síntomas de una sobrevenida esquizofrenia; otros creen que trataron de envenenarlo y tuvo gravísimas secuelas neurológicas. Pero lo único cierto es que un monstruo estaba por desplegar los actos más viles, grotescos y miserables que gobernante alguno hubiese perpetrado alguna vez. 

Dilapidó al cabo de un año el tesoro imperial en fiestas, banquetes, ceremonias y bacanales que había heredado de Tiberio  (Que aunque siniestro, había resultado ser un buen administrador). Y para recaudar fondos, instituyo toda clase de impuestos delirantes -Entre un gran catálogo a cada cual más absurdo, sirva como muestra el impuesto por tener piernas-, realizó subastas públicas donde obligaba, so pena de asesinato a algunos senadores y caballeros para comprar bagatelas a precios exorbitantes. Requisaba y despojaba de casas y tierras a cualquiera que se cruzase por su camino en alguno de sus paseos por la ciudad. 

Convirtió el palacio imperial en un gran prostíbulo. Donde la mayor atracción (Y la más cara) era deleitarse con las propias hermanas del emperador. Decoró las alcobas del palacio con camastros y las llenó de mujeres y niñas que capturaba su guardia personal de entre la plebe. Él, personalmente, probaba las dotes en el oficio de todas las congregadas en aquel lugar por primera vez. 

Solía charlar durante varias horas con la estatua de Júpiter Óptimo Máximo en el Capitolio. Y en alguna ocasión se enfadó con el dios por no pronunciar palabra alguna y ordenó que decapitasen la estatua y sustituyeran su cabeza por una de el mismo y a partir de ese día, promovió un nuevo culto hacia él como una nueva advocación de Júpiter. 

 En ocasiones, si alguna mujer le gustaba, la invitaba junto a su marido a disfrutar de un exquisito banquete. La examinaba escrupulosamente y se deleitaba en el desconcierto y el temor; acto seguido sobre la mesa donde se disponía la comida, saciaba su lascivia con la esposa enfrente de todos. Al finalizar, si había disfrutado del intercambio, elogiaba sus atributos sexuales o sus dotes físicos frente al marido para halagarla. Si el encuentro había sido desafortunado, los asesinaba a ambos. 

Disfrutaba con frenesí de las orgías durante días y los más grandes lazos de amistad que tejió los forjó en estas. Hizo abortar a una de sus esposas con cuarenta patadas en el vientre (Dado que lo había visto en un sueño). A diferencia de Tiberio o de Augusto, en su deleite sexual no había ningún límite: niños, hombres, ancianos, mujeres o incluso animales. Era una bestia insaciable y completamente enloquecida. 

Al final resultó asesinado saliendo de una carrera de cuadrigas, pero con tal ensañamiento y desprecio que todo aquel que pasaba por ahí, trataba de infamar aún mas su maltrecho e informe cadáver. Se le describe como un hombre orondo, calvo, sonrosado, con una extraña sonrisa y que vestía de una forma tan estrafalaria y ridícula que no parecía un ser humano. 








lunes, 11 de diciembre de 2023

La toga y la elegancia de la sencillez.

 Al cumplir los 15 años, los ciudadanos romanos debían vestir la toga viril que simbolizaba su paso de la pubertad a la adultez. Era una toga blanca de lana, sin ningún tipo de adorno ó bordado y debía ser vestida en el espacio público. 





Los niños (Cuya virtud resultaba evidente a los romanos) y los ciudadanos más prominentes pertenecientes a la élite senatorial, vestían la toga praetexta, cuyos extremos estaban delineados por un fino bordado de lino carmín. En el foro, previo a los comicios, aquellos ciudadanos que se presentaban para ser votados a un cargo público vestían la toga cándida que simbolizaba la honestidad del ciudadano y de la que proviene nuestro vocablo candidato -Similar a la viril, pero de un blanco inmaculado y resplandeciente producto de haber tratado la lana con el amoniaco extraído de la orina-. 


Las mujeres romanas portaban la estola. Similar a la toga, pero mucho más holgada en las caderas y generalmente con el escote delineado. A diferencia de los varones, podían teñir su prenda de colores claros o incluso confeccionarla con otras telas distintas a la lana.  


El tinte de color púrpura en la antigüedad era extraído de plantas y algunos insectos, y su fabricación para teñir telas era un proceso arduo y laborioso. Por tales circunstancias el tinte tenía un elevadísimo costo y era sólo utilizado por los más acaudalados, siendo un símbolo por si mismo de preeminencia social y poder. La toga picta purpúrea se convirtió en la toga predilecta de los emperadores romanos a partir de Claudio -Se hablaba coloquialmente de "vestir la púrpura" al ascender al poder- siendo reemplazada en el bajo imperio por túnicas y mantos de exquisita seda. 


Siempre se ha creído que la toga es una evolución del palio griego. Una suerte de manto más corto y ajustado, generalmente con el torso descubierto que habría sido adoptado por los etruscos y algunos otros pueblos latinos desde la Magna Grecia, adaptándolo a la usanza y necesidades del lacio. 


La toga junto con la tiara de laurel ó el penacho del équite romano es un símbolo que indefectiblemente nos remite a aquel pueblo. Sobrevivió a la propia Roma y su uso en la actualidad -Aunque anacrónico- reviste un aire que nos sigue recordando a una dignidad y  a un talante de otros tiempos. 





domingo, 3 de diciembre de 2023

Quintilio Varo !Devuélveme mis legiones!

 Suetonio nos habla del varapalo de Teutoburgo y la reacción de Augusto ante tal desastre. Seguramente la derrota militar más contundente del ejército romano en todo el principado. 


No dormía y balbuceaba incoherencias. Se dejó crecer la barba, luciéndola rala y desaliñada en público (El hecho mismo de no afeitarse se consideraba sucio e incivilizado; tendría que venir la influencia helenística y Adriano para desafiar la estética romana convencional y poner las buenas barbas de moda entre la élite). La capital romana, desprovista de milicias salvo por la guardia pretoriana, fue aprovisionada de dos legiones durante al menos un año. 


Se golpeaba la cabeza contra las paredes en un frenesí obsesivo y desquiciado, y repetía una y otra vez: "Quintilio Varo ¡Devuélveme mis legiones!" -Tres legiones habían sido emboscadas y brutalmente asesinadas en los pantanos de Teutoburgo, comandadas por Quintilio Varo, gobernador de la región, quien habría sido torturado y decapitado por los líderes tribales bárbaros-. 


Arminio (El Herman alemán) fue el traidor que había perpetrado tal afrenta contra Roma -Aunque de origen bárbaro, romanizado y en su juventud gran admirador del orden romano- Romantizado hasta la náusea y convertido en un mito de la resistencia y la determinación alemana. Tal vez, el símbolo del nacionalismo alemán más perdurable a lo largo de su historia; siendo inspiración tanto del primer imperio aleman como de los nazis. 


Como sucede con los grandes mitos alemanes (Los nibelungos, Zigfrid, los burgundios ó la mitología nórdica), Arminio también es una apropiación cultural que ninguna relación tiene con Alemania -Salvo el hecho de ser un salvaje que hablaba alguna lengua que remotamente nos podría recordar al alemán-. 


Creo que Arminio representa como ningún otro símbolo esa obsesión contestaría -Y esa envidia- del mundo anglosajón que se encontraba literalmente en una cueva mientras el brillo y el esplendor de Roma deslumbraban al mundo. No es la de Arminio -Como tampoco lo fue la de las tribus bárbaras que pusieron fin al imperio occidental- una gesta heróica: fue sólo una invasión masiva de salvajes. 



Es como si en mil años, alguna nación subsahariana que dominase el mundo se ufanara de que Europa cayó a manos de sus antepasados cuando fue sólo la migración descontrolada y en tropel la que hizo sucumbir actualmente a una Europa con un deficit demográfico, enajenada en el hedonismo y en el liberalismo mas perniciosos. No parte de la inteligencia la derrota contra la naturaleza. 


No hay mérito ninguno en la horda. 



La Odisea de Nolan y el wokismo como institución cultural.

 Nolan tiene un estilo propio y un nombre en la industria. Para nadie pasan desapercibidas sus obras y lejos de los tropos hollywoodienses q...