domingo, 28 de abril de 2024

Nacionalismo parroquiano (O de campanario).

 La fuerza de un símbolo estriba en aquello que evoca en el inconsciente colectivo. Parafraseando a Jung, en aquello que despierta al "Espíritu de la profundidad" que es más antiguo que cualquier construcción lógica humana; que nos acerca a la obscuridad primigenia humana que no es otra que la de los mitos ancestrales llenos de magia, leyenda y sabiduría. 


Coincide Vasconcelos con Gullo (Que supongo que el primero es la fuente del segundo al profundizar en el término) en la concepción de que Hispanoamérica está fragmentada arbitrariamente en pequeñas republiquetas impotentes. La disgregación del gran imperio español, en estados de postín ¿Pero cómo construyes nacionalismo de la nada? 


Exacerbando el regionalismo. Así, la incipiente inteligencia británica y sus mecanismos (La masonería, la banca, la diplomacia y la armada) logró destilar un regionalismo realmente existente en el protonacionalismo "latinoamericano". El ser mexicano, peruano o argentino, dejó de ser una característica accesoria y enriquecedora del ser de la hispanidad, para convertirse en una especie propia y excluyente. 


Los héroes, las gestas, los mitos y los símbolos, se prefabricaron al vapor (Con un material, endeble). De ahí que impere más un patrioterismo de bravata alcohólica, que un nacionalismo profundo. Las nuevas naciones hispanoamericanas se construyeron en oposición a su propio origen, siendo por principio de cuentas, neuróticas y con cierto grado de delirio en su contacto con la realidad. 


Los grandes relatos de la hispanidad algún día volverán y los viejos símbolos recobrarán su fuerza. Por mientras, nos seguiremos debatiendo entre la nada (La entelequia latinoamericana) y el contubernio mezquino con nuestros enemigos históricos. Y aquellos que se benefician de la neurosis hispanoamericana harán cualquier cosa para que continuemos en el estupor demencial de negarnos a nosotros mismos. Pero aquello que descansa en el espíritu de la profundidad, indefectiblemente recobrará su plenitud, a pesar de todo. 

lunes, 22 de abril de 2024

El chingón como el arquetipo del éxito.

La introspección para superar nuestras propias debilidades y fortalecernos desde el autoconocimiento y vencernos a nosotros mismos; vencer nuestros miedos, nuestros fracasos y resurgir como nuestra mejor versión. En suma la virtud, que conlleva esfuerzo y sacrificio para conseguirla, cualquiera que esta sea, es completamente ajena al modelo de la excelencia mexicana; el chingón como concepto paradigmático del éxito.


El chingón, es aquel que chinga y no es chingado. Entendiendo el chingar, como un sinónimo de fornicar. El chingón se fornica a otros sin ser fornicado. Y entendiendo el acto mismo de la fornicación, de la cópula recreativa y sin fines reproductivos, como universal; lo mismo a hombres que mujeres por igual. Y quién lleva la voz cantante, el poder y la determinación es aquel que penetra. Si hablasemos entre hombres, es un acto de sodomía donde el rol activo es encomiable y el pasivo, motivo de denuesto y ridículo (La cultura del albur gira en torno a este tropo fundamental y está tan arraigada en las capas más marginales de la población, que no puede soslayarse su relación a este respecto). 


Si es entre hombre y mujer, el interesante texto de Octavio Paz sobre los "hijos de la Malinche" da algunas pistas sobre la psicología que subyace en esta cosmovisión mexicana de la vida como una gran orgía de fornicadores y fornicados; y no es algo exclusivo de nuestra sociedad, pero el mito fundacional de la neurosis identitaria del mexicano, descansa sobre el deshonor de Malitzin y su violación por Hernán Cortés; simbolizando este asalto sexual la génesis de nuestro pueblo -Un origen, miserable- (Desde luego, es un relato falsario que alimenta el rancio historicismo priista que ha vuelto con renovado vigor en los nuevos propagandistas del actual régimen). 


El chingón entonces tiene el papel activo en la cópula, y es una cópula terrible y agresiva. Una cópula que infama y que deshonra, y que en la perversidad de despojar de ese honor, descansa su mérito. El chingón es un agresor sexual -Su placer; su éxito social estriba del dolor y la humillación del otro-. Y no es una figura retórica o un rebuscado simbolismo; el chingón es literalmente un sinónimo que relaciona ciertas actitudes y comportamientos en la sociedad con una de las mayores vilezas del ser humano. 


Las feministas podrían atribuir la excrecencia del concepto de chingón al machismo imperante en la sociedad. Y si bien el chingón exalta un comportamiento masculino deplorable, lo cierto es que va mucho más allá del falaz maniqueísmo feminista. El chingón antes que hombre, es el acto mismo de chingar. 


Carece de género. Así, una mujer chingona tendrá que desarrollar un pene metafísico e intelectual, para chingarse a los demás. Y aquellas conductas más deplorables por la propia naturaleza del varón como ser dotado de falo (Único instrumento que ha provisto la naturaleza para la penetración, no por machismo, si no por dimorfismo y fenotipo sexual) debe reproducirlas una mujer; porque son conductas que se aprecian, tendientes al éxito. 


Así pues, esbozando brevemente algunos elementos que subyacen en el concepto mismo ¿Qué puede decirnos de nosotros la exaltación del chingón? Desde luego que hay poco de encomiable y mucho de execrable. Este no es un sesudo análisis sociológico si no una brevísima disertación a vuelapluma, sobre algo que pareciera tan inocuo e irrelevante, pero que a poco que profundizamos al respecto, nos deja entrever un poco de la miseria de nuestras ideas mas arraigadas. 


PD. Existe una campaña mercadológica de una empresa cervecera sobre "Ser chingones" y otra más de una asociación civil que promueve el voto, sobre aquello de que "Votar es de chingones". 


No señores. Votar no es de canallas y de miserables. Y tomar cerveza, no será exclusivo de gentuza de tal talante (Me supondré que habrá gente buena que la consuma, aunque de esa marca no lo tengo claro). 

jueves, 18 de abril de 2024

El mal en la naturaleza humana.

Siempre hemos asociado el mal, a lo más obscuro del alma humana. En la antigüedad, cuando la religiosidad lo inundaba todo, incluso se creía en la existencia de entidades cuyo único cometido era esparcirlo. Aún hoy en día, en nuestra tradición católica, es labor del maligno conducirnos a este y sojuzgarnos ahí, en la impiedad del mal por toda la eternidad. 

Y así como el mal se relaciona a lo peor de nosotros, la bondad es su opuesto.  Y sería nuestra característica más encomiable.  Y en la gran encrucijada moral que es la vida, nos debatimos entre el bien y el mal, dramática en ocasiones, pero en la gran mayoría de las veces, cómicamente.

 ¿Pero es el mal consustancial a nosotros? ¿O por el contrario, es algo incidental de lo cual podemos prescindir? 

Entiendo el mal, como el daño a los demás. Un daño sin que medie provocación; sin justificación y sin causa previa. Y la perversidad sería disfrutar de ese daño inflingido. Dañar a otros impunemente, podría reafirmar alguna fantasía de poder y superioridad; un acto de reafirmación del ego, que yace emocionalmente diminuto ó mutilado y que en el acto de dañar, busca restituirse fútilmente. 

Dañando; en la embriaguez de someter a alguien más a nuestra voluntad destructiva, encontramos la ilusión del poder y de la dominación (Ilusión que desaparece pronto, cuando nos percatamos que ese pequeño ego, contrahecho, sigue siendo miserable y raquítico). Y es la compulsión de esa embriaguez, para ahogar la realidad del ego esmirriado, fundamento de la perversidad. 

Supongo que es el tipo de mal menos frecuente ya que es propio sólo de los monstruos mas abyectos y en la mayoría de las ocasiones se trata de justificar el daño perpetrado por alguna causa previa, no importando lo inconexa, lejana ó disparatada que esta sea -No se reconoce la perversidad, aunque en el fondo exista-. Puedo asesinar a millones de judíos por que han saqueado al país. Puedo fusilar a cientos de gusanos en La Cabaña, por que son burgueses que conspiran contra la revolución. Robo a los demás por que la sociedad me ha hecho pobre, sin oportunidades y miserable. Puedo violar y asesinar niños, por que entiendo lo insignificantes que son, así como cuando yo era golpeado y violado de pequeño (Alfredo Garavito). Puedo mentir respecto a una violación, por qué los hombres son seres abyectos y terribles, que no merecen ninguna consideración. 

Y esto nos lleva al mal que no es incausado. El mal de la retribución; el exceso en responder al daño. Si alguien me roba la cartera y en consecuencia, le quemo la casa y le apuñalo. La desmedida respuesta dará pie al perjudicado, para que busque a su vez una retribución aún mas excesiva. Es por ello que la justicia nunca puede estar en manos de ninguna de las partes ya que la venganza es, siempre desmedida (Siempre consideraré mi daño mayor al que objetivamente habría recibido y buscaré un pago desorbitado). 

Pensemos en el ser humano más inocente e indefenso que pueda existir en el mundo; un bebé recién nacido. Y pensemos en un ser perverso que sin sentido aparente le inflinge algún mal. Dependiendo el tipo de daño; su naturaleza, su destructividad ó su periodicidad es probable que aquel bebé cargue con un resentimiento; incluso con algún trauma que le haga buscar durante toda su vida retribución a ese daño que le han provocado hasta llegar al punto, después de muchos años, de causarle daño al bebé recién nacido de su victimario. 

La cadena de la retribución creo que es el ciclo del mal que podemos percibir en la vida de cada uno de nosotros. Si alguien nos daña y no exigimos retribución, habríamos erradicado el mal -Algo que es prácticamente imposible-. Al menos el mal mundano y encarnado. Sobre el mal metafísico que nos acecha, es labor de curas, pastores, astrologistas y charlatanes varios, librarnos de él. 

lunes, 8 de abril de 2024

Poesía del Arrabal: Santos Discépolo y la semiología de Yira Yira.

La construcción de ciertas figuras retóricas, más allá de su funcionalidad discursiva, pueden sugerir la belleza de la representación simbólica. Y es que, aún y cuando la imagen pueda evocar circunstancias adversas y terribles, es la elocuencia de la representación simbólica; su amplitud en reflejar la crudeza emocional aquello que sublima el alma y no un esteticismo estéril. 

El tango es la poesía de la desesperanza. Y aunque no canta al amor, si no al desengaño, a la traición y al desencuentro, dirige sus flechas hacia lo más profundo de nosotros recreandonos en la contemplación de nuestro propio dolor. Nos fustigamos en los recuerdos gracias a sus ingeniosas figuras retóricas y lo disfrutamos. 

Y Santos Discépolo sabía un rato respecto a ello. Sus líneas son potentes a la par que amargas. Para muestra Yira Yira; posiblemente el tango con las figuras retóricas mejor construidas de su repertorio. Aquí algunas estrofas y un estribillo que dan cuenta de ello. 


Cuando la suerte que es grela
Fallando y fallando, te largue para'o
Cuando estés bien en la vía
Sin rumbo, desespera'o
Cuando no tengas ni fe
Ni yerba de ayer secándose al sol

Cuando tu mala suerte te deje tirado en la calle, sin ningún lugar a donde ir. Cuando te falta la fe y algo tan miserable como yerba mate usada del día anterior (Un simil sería como fumar una colilla de cigarro; algo que hasta el más miserable podría permitirse). 

Cuando rajés los tamangos
Buscando ese mango que te haga morfar
La indiferencia del mundo
Que es sordo y es mudo, recién sentirás

Cuando buscas un trabajo para poder comer y de tanto caminar desgastas los zapatos. El mundo, que no escucha y que no habla, del que sólo hasta ese momento sentirás su indiferencia (Como si fuese una persona). 

Verás que todo es mentira
Verás que nada es amor
Que al mundo nada le importa
¡Yira, yira!

La relación dicotómica entre el todo y la nada. La decepción de encontrar una realidad donde no hay verdad y sólo existe el desamor (Interesante antitesis de la triada platónica). El mundo como un ente impasible; que sólo gira y gira, indiferente ante todo cuanto existe. 

Aunque te quiebre la vida
Aunque te muerda un dolor
No esperes nunca una ayuda
Ni una mano, ni un favor

La vida como una fuerza física que puede golpearte. Un dolor que puede morderte como si fuese alguna alimaña. 


Cuando estén secas las pilas
De todos los timbres que vos apretás
Buscando un pecho fraterno para morir abraza'o
Cuando te dejen tira'o después de cinchar lo mismo que a mí

Antiguamente, los timbres de las casas utilizaban pilas alcalinas. Secar las pilas de los timbres sería presionarlos durante varios días sin respuesta hasta dejarlas secas. Buscando contacto humano para morir abrazado a alguien más, después de haber sido estafado en alguna faena sin haber sido pagado por ella (Como un albañil o un campesino). 


Cuando manyés que a tu lado
Se prueban la ropa que vas a dejar
Te acordarás de este otario
Que un día, cansado se puso a ladrar


Te percatas que se están probando tu ropa, como si fueses a morir. Te acordarás del tonto que canta (Discépolo) que cansado de esa miseria, no lo está contando, lo ladra que es una figura mucho más potente que un grito o un lamento. Es un ladrido de alguien que ha sido despojado de la más mínima dignidad humana; tal y como si fuese una bestia. 


Es simplemente, una maldita genialidad. 

La Odisea de Nolan y el wokismo como institución cultural.

 Nolan tiene un estilo propio y un nombre en la industria. Para nadie pasan desapercibidas sus obras y lejos de los tropos hollywoodienses q...