jueves, 30 de noviembre de 2023

La república romana y su génesis.

Al finalizar el despótico reinado del último Tarquinio los romanos se preguntaron cual era la mejor forma de gobierno para que rigiera los destinos de su recién instaurada república. 


Crearon una magistratura exprofeso para tal cometido; los decenviros. Diez notables hombres que viajarían por todos los rincones de la antigüedad buscando la forma de Estado perfecta -Aunque al final, resultaron doce-. 


Del régimen de Solón en Atenas tomaron la división censitaria de la población según su renta. De la diarquía espartana, el contrapeso entre ambos monarcas quienes podían vetarse mutuamente en la toma de decisiones. Del ejército macedonio, la leva de soldados periódica entre la población. De Biblos, Sidón y Cartago, el poder para elegir, deponer y suplir al monarca. Y de su propia tradición, el Senado, que dejaba de ser un consejo de notables para convertirse en la institución vertebradora y preeminente de la república. 


Trataron de incorporar lo mejor de cada régimen. Con muy pocas reformas durante su existencia hasta el principado. Catón creía que la única consecuencia lógica de otros regímenes notables de la antigüedad como la democracia ateniense era la anarquía y la disolución. Veía en los fundamentos del Estado romano el justo medio que conduciría indefectiblemente al cultivo de la virtud pública. 


Y ciertamente a diferencia de las demás ciudades estado de la antigüedad, que devinieron en regímenes fallidos, la república romana solo crecía, se expandía y prosperaba. Y el Estado romano demostró ser un bien aceitado mecanismo para la gestión pública y un sólido andamiaje para la creación de una entidad política de una magnitud inconmensurable; el imperio. 





viernes, 24 de noviembre de 2023

Falange hoplítica y falange macedonia.

Muchos hablan de la gesta alejandrina como un esfuerzo individual del rey macedonio. Lo cierto es que la conquista de La Helade (Para posteriormente conquistar el Asia) fue una empresa de la cual Alejandro sólo se limitó a recoger los frutos que había sembrado su padre, quien tal vez es el gigante sobre el cual el propio Alejandro se parapetó en su leyenda. Filipo II de Macedonia y sus reformas a la falange hoplítica son el gran punto de inflexión en la innovación militar de la antigüedad. 


¿Pero qué es una falange? Es una formación militar compacta y regular compuesta por hoplitas. Ya en la antigua Grecia Homero nos da cuenta de su uso (En los ejércitos contra la Troya de Héctor y Eneas) pero no fue hasta la época clásica que aparece la lanza que portarían los hoplitas (Junto a sus pesados escudos de gran diámetro). La falange conformaba el contingente central de una formación compuesta también por caballería e infantería (Que protegían flancos y puntos de quiebre de la falange). 


La superioridad táctica de la falange permitió a Grecia salir victoriosa de las guerras médicas. Y es bien conocido que los mercenarios griegos en la antigüedad eran apreciadísimos y bien pagados activos en los ejércitos orientales (Formando el contingente de élite junto a los inmortales en las tropas de los grandes reyes persas; incluso en las propias guerras médicas). 

Y si algo funciona ¿Por qué no hacerlo mejor y más grande? Y es a este respecto donde Filipo II crea la falange definitiva con ayuda de una nueva arma que es una evolución funcional de la lanza hoplítica. La sárissa. Una descomunal lanza de 4 a 7 metros de largo diseñada para el empalamiento y con escudo igualmente gigantesco que cubre la totalidad del torso del hoplita. 


La falange macedonia alumbró con sangre y vísceras (La guerra como la partera de la historia, Lenin dixit) una brillante época en la historia de la humanidad: El Helenismo. Y esta formación militar sería imbatible durante cientos de años hasta la batalla de Pydna cuando fue superada por la superioridad táctica de la legión romana. No obstante la caída de los imperios helenísticos ante la incontenible Roma, la sárissa siguió formando parte de la vanguardia de infantería de los ejércitos de Europa hasta bien entrado el renacimiento.

De cierta manera, la legión no es más que una evolución natural de la propia falange. Pero eso es otra historia.



miércoles, 22 de noviembre de 2023

Anglosajones y enajenación cultural

Cuando el Aqua Claudia alimentaba por medio de la ingeniería hidráulica a Roma, el Barbaricum (Aquel territorio agreste e inhospito habitado por salvajes que vivían en árboles y cuevas) todavía se encontraba en la edad de piedra. 

Aún entre bárbaros, había razas y estadíos de desarrollo civilizatorio. No es lo mismo el pueblo galo de Vercingétorix (Con forja y aldeas) que el pueblo vándalo (Cuyo mayor mérito además de lavarse y vestirse con pieles de animales era caminar en dos patas, ya que literalmente habían salido de cuevas y vados desecados). 

En Britannia y la Germanía Superior se encontraban los pueblos más atrasados de la humanidad. Los más embrutecidos y bestiales; aquellos que tenían un desarrollo cultural más atrofiado. Los romanos estaban convencidos que era consustancial a la raza de estas gentes, la bestialidad y la brutalidad y estaban fascinados por la sencillez de estos salvajes que eran grandes y fuertes como toros; ello los hacía sus esclavos predilectos para las labores más extenuantes como la minería ó el campo. Un anglosajón en una finca (Con las convenientes amarras y cadenas) era un activo de muchísima valía. 

Finalmente Roma sucumbió antes las hordas de salvajes que sin orden ni concierto desde el norte de Europa, asaltaron los limes del imperio y entraron en tropel a saquear las finas ciudades romanas. Pero el legado romano de la civilización no podía extinguirse tan fácilmente y fue en Hispania casi mil años después donde se tomó el relevo (Al fin y al cabo, no hubo romanos más fervorosamente romanos que los hispanos; de ello dan cuenta Trajano, Adriano ó Marco Aurelio). 

Mientras Castilla conquistaba Granada o enviaba la primera expedición transcontinental y transoceánica de la historia de la humanidad, en un pozo infecto del norte de Europa llamado Inglaterra se instalaba la primera letrina pública del lugar. Mientras la Universidad de Salamanca publicaba el nuevo calendario que regiría la modernidad humana, los alemanes se ahogaban en una nueva pestilencia provocada por su falta de higiene. 

Y diré más. Mientras abría sus puertas la real y pontificia Universidad de México, en Nueva York estaban tableando cuatro desarrapados piojosos alguna cabaña de pino para no morir de hipotermia. Cuando la monumental Catedral de la Ciudad de México se erigía, posiblemente en Washington algún desposeído anglosajón probaba suerte comiendo corteza de árbol para no morir de inanición. 

Por una carambola histórica, además de su incansable espíritu criminal (Y por nuestra imbecilidad) los pueblos más atrasados y embrutecidos históricamente de Europa ostentan hoy en día la hegemonía del mundo. Es algo inconcebible pero al fin sucedió a finales del siglo XIX y principios del XX. Y hoy estamos subordinados a gente cuyos antepasados posiblemente, mientras Octavio se enseñoreaba del mundo, se balanceaban en alguna liana dentro de algún pantano pestilente de Teutoburgo. 

Y hay gente que ama la cultura anglosajona. Que canta en inglés  (Con una pasión desaforada) y que sueña con vivir en esos lugares que otrora eran, el detritus de la humanidad. 

Que alguien me lo explique por que no lo entiendo en absoluto. La reflexión histórica es una asignatura pendiente en este desquiciado mundo.


domingo, 19 de noviembre de 2023

El gran diluvio inminente y otras catástrofes en la mentalidad romana.

Naturales Quaestiones de Séneca, más allá de su novísimo uso indeterminado de las declinaciones (Algo que tacharía alguien como Don Antonio de Nebrija de contaminación de la pureza esencial de la lengua latina) nos regala algunas pinceladas de aquello que los romanos pensaban acerca del mundo. 

Mientras que en la actualidad hay adeptos de la tierra plana, para los romanos la ciencia de Eratóstenes era conocida y estaban convencidos de su esfericidad. También de su diminuto tamaño en comparación con el sol, mismo que flotaba muy lejos de esta sobre el éter (Sustancia que hacía flotar las cosas, que estaba por encima del aire y sobre la cual discurrían los cuerpos celestes). 

Fenómenos como el arcoiris y la refracción del espectro lumínico, los terremotos o la precipitación pluvial también se conocían. Más allá de la superstición y la magia, la técnica y la ciencia eran cultivadas en la civilización más avanzada de la antigüedad y el conocimiento de las causas últimas de la realidad ocupaba su inquietud (El propio Séneca cita algunos otros tratados que no han llegado a nosotros). 

Pero tal vez lo más interesante, es la convicción absoluta de que un gran diluvio anegaría la tierra y exterminaría a la humanidad; como si fuese a ocurrir de un momento a otro y fuese algo tan evidente e inevitable; tan conocido por todos y tan esperable que era ocioso explicar el motivo. Todas las culturas de la antigüedad tienen su particular mito de un gran diluvio que marca un nuevo comienzo en la historia del mundo (Los romanos adoptaron aquel de Deucalión y Pirra de los griegos) pero tal vez sólo en la escatología romana existe este segundo gran diluvio que definitivamente arrasaría con todo cuanto existe. 

También, considerando que la obra fue escrita tal vez diez años antes de la gran erupción del Vesubio que sepultaría a las ciudades de Pompeya y Herculano, es sumamente curioso saber por voz de Séneca que un gran terremoto habría destruido ambas ciudades algunos años atrás. Si en la actualidad las principales infraestructuras y vías de una ciudad se restauran al cabo de décadas después de una gran catástrofe, seguramente en la antigüedad las labores de restauración fuesen aún más lentas y con un terremoto previo, me resulta ahora mucho más entendible que la erupción hubiese sido tan inevitable y devastadora. 

En suma, un tratado que pretende ser riguroso y lleno de sabiduría. Pero que dos mil años después, no es sino un compendio de intuiciones (Algunas acertadas) y supercherías de la antigüedad (Que siempre son, tratándose de Roma, fascinantes). 




lunes, 13 de noviembre de 2023

Epicteto y Séneca. Dos caras del estoicismo.

 La tradición nos cuenta una anécdota del joven esclavo Epicteto que, siendo niño fue sometido a un castigo ejemplar. Iban a incapacitarle por haber intentado huir y desde aquella tierna edad mostraba la fortaleza espiritual del estoicismo. 


Su dueño golpeó incesantemente su pierna y el no mostró el menor signo de dolor en su rostro ni exclamó el más breve sonido. Al finalizar el castigo se limitó a sentenciar: "Te lo advertí. Ahora tienes un esclavo cojo". 


Su vida transcurrió entre la frugalidad y la humildad más absolutas. Su única pertenencia, era una lamparilla de aceite que utilizaba para leer por las noches en una casa que no tenía puertas dado que no tenía bienes que le pudiesen robar. Toda su aportación a la estoa romana, la conocemos por terceros (Como sucede con muchos de estos grandes hombres, ágrafos a los que conocemos por intercesión de discípulos).


Y en contraste tenemos a Séneca. Perteneciente al ordo senatorial y con una riqueza y una preeminencia en la sociedad romana, de primer nivel. Escribía sobre la virtud y la sabiduría y su discípulo más célebre, el despiadado y enloquecido emperador Nerón nos da cuenta de su ostensible fracaso como preceptor de la doctrina estoica. 


Su vida iba entre banquetes, ceremonias y honores de todo tipo ¿Cómo puede existir un paralelismo entre ambos hombres y como ambos pudieron cultivar la misma doctrina; la misma cosmogonía? 


Creo que Seneca durante la mayor parte de su vida no era sino un retórico. La incongruencia manifiesta entre aquello que predicaba y aquello que practicaba él mismo la reconocería -Lo hace refiriéndose a la vida bienaventurada y a manera de paráfrasis, entendía que la búsqueda de la virtud era una anhelo en ciernes. Que algún día podría ufanarse de haberla alcanzado pero que mientras tanto, se reconocía como un necio, alejado de la misma- y sólo al final de sus días, tendría ocasión de demostrar que su estoicismo partía desde la honestidad intelectual. 


"La conjura de Pisón" implicó a Séneca en una trama para asesinar al emperador Nerón -Aunque nunca se acreditó que participase de forma alguna-. En atención a la cercanía de Seneca con la domus imperial durante tantos años, se le conminó a practicar lo que se denominaba por aquel tiempo, "La extrema necesidad" (Un suicidio para evitar la infamia del martirio y del calabozo). 


Me permito parafrasear a Tácito para describir su muerte. Se abrió las venas de los brazos y al ver que la sangre fluía tan lentamente (Era un hombre enfermo) se abrió también las de las piernas y también con un flujo tardo comprobó que aquello demoraría más tiempo del esperado. Solicitó a uno de los libertos enviados por Nerón un poco de cicuta (El mismo veneno empleado por Sócrates 500 años atrás) y no sólo el fármaco no le había matado si no que el flujo de brazos y piernas había disminuido aún más. Hizo que preparasen una tina con agua caliente y se metió en esta. Ahora el flujo de la sangre era más copioso y en breve tiempo estaría muerto. 


Según describe Tácito, su rostro era impasible ante el advenimiento de la muerte. No mostró el menor signo de dolor ó preocupación y sólo tuvo buenas palabras para con los esbirros que había mandado Nerón para comprobar que efectivamente se matase. "No es más que un cambio de lugar" reflexionó Séneca antes de exhalar el último aliento. 


En las magníficas Epistolae que escribió casi al final de su vida, Séneca estaba convencido de que dios habitaba en todos nosotros y que el alma humana era una parte de esa divinidad que nos había sido concedida para maravillarnos de la existencia misma. Que no tendría sentido cultivar la grandeza del espíritu si este feneciere junto con el cuerpo. Y esa convicción le llevo a afrontar la muerte con el talante que se esperaría de un verdadero estoico. 


Cien años más tarde, Marco Aurelio se desharía en elogios para con Epicteto a quien consideraba pilar fundamental de su propio estoicismo, sin dedicar ni una sola línea al incongruente Séneca en sus Meditaciones, no obstante de compartir una ciega convicción en la inmortalidad del espíritu y en nuestra naturaleza divina que no tenía otra influencia que la del propio filósofo cordobés. 


Y en la actualidad, lo sabemos todo acerca de Séneca y casi nada acerca del enigmático Epicteto. Sin duda la posteridad perdonó su licenciosa cercanía con una de las formas más obscenas del poder y su exultante riqueza. Al final, hemos querido recordar a Séneca como él hubiese preferido. 





lunes, 6 de noviembre de 2023

La piedad romana.

Si evocamos en nuestra mente la imagen de una mujer piadosa, podríamos imaginarla en labores altruistas; en tareas de filantropía y asistencia a los demás. 

La realidad es que el concepto de piedad, es mucho más que un valor determinado. Y en nuestra jerarquía axiológica católica, la conmiseración y la caridad (La caridad misma, como virtud teologal) son pilares fundamentales del pensamiento occidental. Pero el concepto de piedad adoptaba en la antigüedad formas que podrían parecernos del todo, ajenas. 

Si hablamos de los misterios dionisiacos, un hombre piadoso podría ser aquel que se embriagase durante el mayor tiempo posible o aquel que pudiese mantener más relaciones sexuales completamente enajenado en el alcohol. Si hablásemos de los misterios eleusinos, el más piadoso de los hombres podría ser aquel que aguantase con mejor talante el ayuno previo a la bacanal. 

La Pietas era la virtud en la religio (Que junto con la Virtus, y la Fides, eran las tres virtudes públicas romanas). Ser diligente y escrupuloso en los deberes para con la divinidad. Participar de sus ritos, de sus misterios, de su fervor público y tener una ética acorde a los principios que promueve, nos volvían o no, piadosos. Y la impiedad para con los dioses, era una mácula infamante que podría acarrear toda suerte de males en la vida (Amén del señalamiento social y del escarnio público). 

Séneca habla de la impiedad de muchos pueblos a los que les acarreo la destrucción y la muerte como a los nubios. Suetonio habla acerca de la impiedad en últimos tiempos de los etruscos e incluso Virgilio habla de la impiedad de Turno y de su pueblo latino, derrotado por Eneas (Quien tenía el favor de Venus y de la asamblea de dioses). De la impiedad, podría derivar la ruina ó la servidumbre y necesariamente, alguien que hubiese caído en la miseria ó en la desgracia, habría perdido el favor de los dioses por impío. 

De Roma se pueden narrar horrores inimaginables; de una brutalidad propia de pueblos menos desarrollados y de una crudeza bestial. Pero nunca se podría decir que no se esforzaban diligentemente en la piedad hasta niveles obsesivos. Que no custodiaban el fuego eterno y el honor de las vestales con rigor. Que no declaraban la guerra a otros pueblos si antes no habían abierto de par en par las puertas del templo de Jano. Que los augures no se aventuraban a desentrañar los vaticinios en los vísceras de las bestias sin antes haberlas ofrendado a Júpiter Óptimo Máximo; que trataban de congraciarse con sus dioses activa y escrupulosamente. 

Y esa viva religiosidad (E incluso vestigios de sus ritos y misterios) la hemos heredado y el catolicismo tomó con igual recelo la piedad adaptada a sus nuevos valores (Las propias virtudes cardinales no son más que adendas de las virtudes cardinales del mundo grecolatino). De esa religiosidad, se habría nutrido la base misma de nuestra civilización.

Y en este nuestro tiempo que adopta nuevas formas ¿De qué forma la piedad se manifesta en el fervor público cuando la ideología ha matado a la religión? 

La Odisea de Nolan y el wokismo como institución cultural.

 Nolan tiene un estilo propio y un nombre en la industria. Para nadie pasan desapercibidas sus obras y lejos de los tropos hollywoodienses q...