miércoles, 29 de mayo de 2024

La sincronicidad jungiana y la causalidad.

El fenómeno de la sincronicidad, es el que describe Jung como aquel donde convergen el pensamiento y un hecho de la realidad, sin que exista relación causal entre ambos. Para Jung, la sincronicidad, es el concepto que describe ciertos acontecimientos que no tienen explicación por medio de las ciencias empíricas (Donde el principio de la causalidad no puede verificarse). La sincronicidad, es su explicación a lo sobrenatural y a la magia; a los fenómenos de la metafísica (En su concepción moderna y no en su acepción filosófica). Y es que la realidad psíquica, tal vez discurra más allá de lo que entendemos como espacio y tiempo; tal vez tenga una entidad de una naturaleza desconocida. 

Sincronicidad y causalidad, son antitéticos y excluyentes. Y es que ambos conceptos parten de dos formas de entender el mundo. El pensamiento occidental y el cientificismo, explican la realidad en tanto que todo es una sucesión de efectos. Y el pensamiento de la antigüedad y de las tradiciones orientales creen más en explicar la realidad estudiando los hechos no como consecuencia de una infinidad de causas previas, si no como el designio de una voluntad superior; como algo previsto y gestado en un plan que lo abarca, todo. 

Jung buscaba en los hechos de la física, alguno que escapase a la causalidad y le permitiese enriquecer el desarrollo de su sincronicidad. Y justo después de su muerte, tenemos la física de las particulas en la cuántica. Donde la materia puede ocupar diversidad de espacios en distintos momentos; una misma particula puede estar en un lugar y en otro al mismo tiempo; ni la estadística, ni la probabilidad ni ninguna construcción lógica apoyada en la causalidad puede preveer su desplazamiento ni su simultaneidad espacial. 

La cuántica desafía frontalmente a la causalidad. Con demostraciones empíricas y verificables. Y aún así, no rompe la realidad. Simplemente demuestra que el fundamento que creíamos incontestable y que nos protegía de la imprevisibilidad del caos, se ha desmoronado como un terrón de azúcar en el café ante nuestros propios ojos y estamos indefensos de nueva cuenta ante el terror del azar. 

Creo, con mucha certeza, que el afán del ser humano es entender el universo en su infinita complejidad. Y que en ese empeño gastaremos nuestra existencia como especie, hasta encontrar las primeras causas que nos conviertan en los dueños absolutos de la realidad. 

Desde aquella primigenia noche en la historia en que salíamos de una cueva, comenzábamos a erguirnos y vimos el ciclo de los astros que mantenía dios, ambicionamos ese orden y tratamos de imitarlo en nuestra primera y humilde condición donde apenas nos desprendíamos de la bestialidad. Y el mundo que hemos construído, es ese emulo del orden preestablecido y entre más nos acercamos a él, nos sentimos más dignos y más alejados de aquel primer momento. 

Pero el tejido de la realidad puede ser aún más complejo de lo que podemos imaginar y entender. Tal vez, nuestro afán es demasiado ambicioso. 


miércoles, 15 de mayo de 2024

Sila y los estertores de la república.

De entre todos los grandes hombres que dieron entidad al convulso siglo I a.C., hay uno que pasa casi desapercibido; casi como un advenedizo en la historia de Roma opacado por el fulgor de Cicerón o Julio César. Lucio Cornelio Sila; la quinta esencia del tirano -Tal vez más vilipendiado en la historiografía romana que Tarquinio El Soberbio- y que sin embargo delineó los ejes del poder omnímodo. 


Si hablamos de Sila, necesariamente tenemos que hablar de su contraparte, Cayo Mario. Y es que la dicotomía de ambos personajes es similar a la de Julio César-Pompeyo ó a la de Octavio-Marco Antonio. Dos hombres con una entidad colosal a los cuales la escena política romana les quedaba muy pequeña.


Y sin embargo, Mario y Sila gobernaron y ejercieron plenamente el poder. A la muerte de Mario, llegó el régimen de Sila que tiene unas particularidades, de un interés especial. 


Solía arengar desde la rostra en el foro, con la cabeza de algún enemigo clavada a una pica que sostenía y con la que acompañaba los ademanes de su discurso. Mientras se votaba alguna ley en el Senado, se escuchaban los gritos de dolor de sus víctimas (En un sólo dia, asesinó a 6000 opositores) a lo que él solía comentar, para quitar hierro al asunto: "Los lictores habrán aprehendido a algún otro ladrón. Cada día son más eficaces". 


Instauró las primeras proscripciones, una ley que marcaba con nombre a los opositores al régimen y que por ministerio de tal medida, podían ser emboscados y se les podía dar muerte por la calle sin ninguna consecuencia; los bienes de tales infelices eran confiscados y rematados en subasta pública (Se dice que el potentado Craso se hizo así de su fortuna; asistiendo diligentemente a las subastas de las víctimas de Sila para hacerse con grandes heredades a precios de risa). La institución de las proscripciones volvió a utilizarse en el segundo triunvirato para purgar a la oposición de Octavio, Marco Antonio y Lépido (Para dar muerte a los cesaricidas y a sus adeptos). 


Es el primero en erigirse como Dictador perpetuo (Más tarde lo haría el propio Julio César). Se colmó de todos los honores (Incluso Pater Patriae) y dada su afición al teatro griego, solía despachar desde tal recinto, en el que permanecía días enteros entre orgías, comilonas y recepciones. Era un hombre delgado, pelirrojo y con unos profundos y enigmáticos ojos azules. 


No murió asesinado, ni fue depuesto de ninguna manera. Generosamente, un día decidió entregar el poder al senado y marcharse a su finca de campo a labrar la tierra (Cual Cincinato). Arengó de nueva cuenta desde el foro en su último acto público (Esta vez, sin miembro humano alguno para dar fuerza a sus palabras); que si alguien tenía algo que reprocharle sobre su gestión, se lo reclamase directamente ahí mismo. 


De entre sus últimas medidas, fue levantar las sanciones a Julio César, quien por una proscripción estaba exiliado y su familia en la práctica indigencia. Cuenta Suetonio que a este respecto, aunque accedió a perdonarlo, se notaba un gesto de incredulidad en su rostro, y dijo para si mismo y para aquellos que estaban lo suficientemente cerca para escucharlo: "Veo en la ambición del joven César, a muchos Marios". 







viernes, 10 de mayo de 2024

Todo lo que amaste ya no existe.

El tiempo corre y se lleva, con su inefable y despótica fuerza nuestras vidas. Se van las experiencias, efímeras e insustanciales que como un susurro desaparecen y solo perviven en el recuerdo. Se van las personas y con ellas, una parte de nosotros que reclamaron para sí, arrancandola inmisericordemente de nuestro corazón. Incluso los sitios se desvanecen; aquel café de la tarde, aquella playa de la infancia; aquella cabaña donde reíste durante toda una noche; vuelves y aunque es el mismo espacio ya no es el mismo lugar. 


También tú comienzas a marcharte. Llegará un momento en la vida, en que son más los recuerdos que el porvenir y que el espíritu de la profundidad, reclama tu conciencia para vivir por siempre en aquello que fue y que nunca más será. Abandonar la convulsa marcha de la vida y retirarte a aquel páramo frío y desolado para recrearte en la contemplación perpetua de todo cuanto amaste con intensidad. 


Las parcas ya han decidido cuando cortar el hilo de nuestra existencia y entre tanto, sólo nos toca esperar. Nuestra única esperanza es atesorar nuevas experiencias, nuevas personas y nuevos lugares y plantarle cara al tiempo. Para que cuando llegue el fatal momento, estemos tan inflamados de amor que la muerte sea un feliz reencuentro con todo lo que nos fue arrebatado. 


"su cuerpo dejará, no su cuidado; serán ceniza, mas tendrá sentido; polvo serán, mas polvo enamorado". 



jueves, 2 de mayo de 2024

Venceréis pero no convenceréis. Unamuno y el relato de la izquierda.

 En una ponencia con motivo al día de la raza en la Universidad de Salamanca, el rector don Miguel de Unamuno pronunció tales palabras. Entre la concurrencia, el general sublevado y fundador de la legión, José Millán-Astray, le increpó a gritos: "Muerte a la inteligencia" y "Viva la muerte".


Unamuno apoyaba la sublevación franquista. Pero vistos los excesos (El arresto y en algunos casos, la desaparición de algunos colegas y amigos del ámbito intelectual) se convirtió en sus últimos meses en un encendido opositor. Aquella tarde en Salamanca, pudo salir con vida gracias a que Carmen Polo le ofreció su brazo para salir del recinto universitario; la mujer del dictador le habría salvado la vida. 


Permaneció en reclusión domiciliaria lo que le restó de vida. Le fueron retirados muchos honores y un día antes de su muerte, se le despojó de la rectoría salmantina. Murió apestado por el régimen, pero su frase tal y como si fuese una sentencia inexorable, marcó el devenir del franquismo; de la victoria de los sublevados y del posterior régimen excepcional que duró cerca de cuatro décadas. 


La izquierda no venció, pero convenció con el transcurso del tiempo. Confeccionó el relato de la resistencia democrática (Cuando lo cierto es que los últimos estertores de la república se habían caracterizado por el autoritarismo del frente popular y el pistolerismo como curso de acción política, razón la cual la sublevación fue tremendamente popular y granjeo tantos apoyos). Y hoy en día, el historicismo maniqueo, sigue pintando a los republicanos como seres de luz y a los sublevados como demonios abyectos; sin matices y sin claroscuros. 


Venceréis, pero no convenceréis. Venceréis porque tenéis sobrada fuerza bruta, pero no convenceréis porque convencer significa persuadir. Y para persuadir necesitáis algo que os falta en esta lucha, razón y derecho.


Cierto es que la legitimidad de los sublevados, descansaba en última instancia en la punta de los fusiles (La norma hipotética fundamental kelseniana) y la razón que les asistía en su propia interpretación de los hechos, era salvar a España del comunismo. 


¿Alguien duda de la instauración de una república socialista sin la sublevación fracasaba? 


Uno de los más grandes genios del siglo XX tampoco estuvo exento del error. 

La Odisea de Nolan y el wokismo como institución cultural.

 Nolan tiene un estilo propio y un nombre en la industria. Para nadie pasan desapercibidas sus obras y lejos de los tropos hollywoodienses q...