lunes, 10 de noviembre de 2025

El procónsul vasconcelista.

 La institución del proconsulado, como representante plenipotenciario del imperio romano en una determinada provincia, rebasa las facultades del gobernador. 

El procónsul, ostentaba imperium sobre las legiones y jurisdicción. Y aunque las instituciones romanas no eran inamovibles y cada cierto tiempo cambiaban según los sutiles cambios de su propia época, lo cierto es que el procónsul era, el funcionario romano de mayor autoridad en provincias. Aunque dado el enfoque de Vasconcelos, hubiese sido más apropiado utilizar el término propretor (Quien tenía similares atribuciones pero en las provincias imperiales). 

Vasconcelos juega con el término en su libro homónimo. Una veces el procónsul es, el gobernante títere impuesto por los Estados Unidos (Todos los que han sido, desde 1847) y otras más es el embajador de los Estados Unidos que conspira activamente para subsumir al país dentro de un vasallaje y servidumbre criminales (Todos los que han sido, desde el prototípico Joel R. Poinsett). 

Es un diario de campaña pero es también un manifiesto político. Un diario de campaña que desestima la acción electoral y deslegitima la vía institucional desde la primera página; sólo la acción armada podría arrebatar el poder a Calles y  a sus huestes criminales. Y sólo la vía armada podría oponerse a los designios del verdadero enemigo del pueblo mexicano, quien no es Calles, Amaro u Ortiz Rubio sino el abyecto Dwight Morrow. 

La única clave para leer a Vasconcelos es la hispanista. Es el eje principal de su relato. Y curioso resulta, que el término latinoamericano les era completamente ajeno a los mexicanos de su tiempo. Más bien, el hispanismo se oponía al panamericanismo (Siendo la OEA su más acabada obra). Y el latinoamericanismo; estéril y desprovisto de cualquier tipo de contenido no deja de ser el panamericanismo sin Estados Unidos.

Es como si la única ideología que podría albergar en el corazón de las masas mexicanas una idea de origen, destino y trascendencia, fuese algo a confundir y a adulterar dentro de relatos vacíos. Cómo si te cambiasen el nombre para que nadie pudiese identificarte jamás. 

Es el latinoamericanismo la nada más absoluta sobre la que reposa el orgullo continental. Y así nos habrá de ir, hasta que dejemos de enarbolar esta miseria conceptual como bandera identitaria. 

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 Nolan tiene un estilo propio y un nombre en la industria. Para nadie pasan desapercibidas sus obras y lejos de los tropos hollywoodienses q...