Podríamos atribuir a las disertaciones aurelianas, un carácter personal e intimista. Una suerte de diario espiritual dónde Marco Aurelio se confiesa a si mismo como un alma atribulada por los pasos, cada vez más próximos de la muerte y su obra en esta vida.
Es la obra, una catársis de una anábasis continúa y continuada; una introspección disciplinada y un examen riguroso sobre la única búsqueda y la única ambición que tiene sentido; el areté. Y es que la posesión de aquellos bienes que el alma busca afanosamente distrayéndose de este nobilísimo fin por la confusión del cuerpo en pos otros de muy poco valor y sustancia, como son las posesiones materiales, la fama, la celebridad ó el poder, es la única empresa que habría que emprender en este mundo.
El principio del Omnia Mutantur (Todo está en un continuo cambio; de integración a disgregación en tan poco tiempo que la renovación es un principio de la realidad) es una preconcepción a considerar siempre antes de acometer cualquier esfuerzo ¿Qué sentido tiene procurarse las pompas y las riquezas de este mundo si nuestro paso por este es tan breve y contingente?
Aquí cabría la misma crítica que se suele hacer respecto a Séneca con su estoicismo de palacio. Marco Aurelio no era un eremita desposeído como Epicteto. No. Era el hombre más poderoso y uno de los más ricos de su tiempo y es muy fácil predicar desde la incongruencia.
Esa frugalidad que predica; ese desprendimiento y desprecio por lo material mientras dormía entre sabanas de seda, no obstante la potencia doctrinal del estoicismo podría ser una de las razones por las que no ganó la partida de la hegemonía ideológica; siendo eventualmente avasallada por una predica proveniente directamente desde las cloacas de la ciudad.
¿Son las meditaciones de Marco Aurelio un ejercicio de autopromoción? Conocedor de su trascendencia -Aunque pretendiese mostrarse como un escéptico sobre la memoria de la posteridad- al ser un emperador de la construcción politica más importante de la historia de la humanidad ¿Sabría que el juicio de la historia le blanquearía por legar un testamento moral? -Aunque legando en carne viva al mundo,un ser tan abyecto, terrible y ruin como el vulgar Cómodo que dista muchísimo de su ideal estoico-.
Ya fuese un ejercicio interesado ó una honesta disertación sobre el significado de la vida y nuestro papel en este mundo, sea como fuera, hay algo que es indiscutible. En vez de perderse en el autoelogio; en la complacencia y contemplación de un deber cumplido y de una trayectoria personal envidiable, en los honores pasados, presentes y futuros que detentaría, pareciera que lo único que le atormenta en los últimos días de su vida es su integridad moral. No por miedo a un castigo divino, si no como un imperativo para justificar su paso por la vida.
No vivas como si fueras a vivir diez mil años. Tu destino pende de un hilo. Mientras estés vivo, hazte bueno.