El ejército en el mundo antiguo, era una vocación aristocrática. Tanto la indumentaria, como los pertrechos, la maquinaria e incluso los caballos eran activos que no cualquiera podía permitirse. Y en el caso de Roma, los comicios centuriados dividían a la población por su nivel de renta para efectos tributarios, pero también para la organización de las armas.
Hay grandes reformas a lo largo de la historia, que nos van acercando al ejército profesional que reconocemos en la actualidad. Cierto es que la Revolución Francesa es, posiblemente un hito en la historia militar a estos efectos, pero las reformas a la legión de Mario fueron igualmente paradigmáticas casi dos mil años antes.
Eliminó los viejos carromatos que transportaban el material militar, y estableció que cada soldado debía cargar con sus propios pertrechos, dejando la logística en carretas y carros de madera, solo para la maquinaria de asedio. Las llamadas "mulas de Mario", que fue como se conocería a esa reforma, mejoraron la logística de las legiones haciendo de su desplazamiento muchísimo más ágil. Tanto, que una sola legión (cerca de 5000 hombres) podía desplazarse a una distancia de 1000 km, en tan solo un mes.
Para cada legión, estableció un nombre propio y un símbolo único en su estandarte. También, una insignia única en su "aquila" (que era el estandarte principal del águila romana generalmente confeccionada en oro o plata). Con ello, creó un verdadero "espíritu de cuerpo" en cada unidad. Y cada soldado preferiría perder la vida que las insignias de la legión y estas se convirtieron en un objeto de honor y protección por sobre cualquier otra cosa.
Cambió la fabricación del pilum (la jabalina que junto con el gladio, eran las armas de la infantería) haciéndolo de madera en su cuerpo y dejando solo la punta de hierro. Con ello, en el choque contra los escudos del enemigo, esta se rompía por la mitad y quedaba inutilizada para evitar que el enemigo pudiese apoderarse de esta y usarla en contra de los romanos.
La clase proletaria, que no tenía mayor patrimonio que su propia humanidad y la prole que pudiera dar a Roma, perteneciente a la sexta clase y última del censo (infra classem) y que para efectos administrativos, no representaba ningún activo para el Estado, fue por primera vez adscrita al servicio de las armas en el primer consulado de Mario.
Como estos proletarii, no contaban con los activos mínimos para mantenerse mientras se desempeñaban en las armas (la mayoría, campesinos que vivían al día, labrando tierras ajenas) se estableció, el estipendio; que era una paga diaria mientras estuviesen adscritos a una legión. También el Estado proveía la indumentaria y las armas.
También se destinaron tierras públicas (ager publicus) para la explotación de estos desposeídos y sus familias una vez se jubilasen del servicio de las armas (agri militaris) convirtiendo la carrera militar en una actividad de futuro.
Como estas tierras eran repartidas discrecionalmente por los generales de las legiones, la lealtad de los soldados cambió de manos. Y la paz que había reinado durante más de 200 años en la República, sería interrumpida por cruentas guerras civiles sucesivas, las mismas que el propio Mario inauguraría contra su enemigo jurado, Sila.
Y las guerras civiles, los "cuartelazos" cada vez más frecuentes llegarían a su fin cuando la lealtad de los soldados volviese a una figura de mayor autoridad y concentrase en torno a sí misma todo el poder.
Sin Mario, los ejércitos de la República nunca hubiesen podido enseñorearse de todo el Mediterráneo. Y sin Mario, el advenimiento del Imperio hubiese sido también imposible.