lunes, 11 de diciembre de 2023

La toga y la elegancia de la sencillez.

 Al cumplir los 15 años, los ciudadanos romanos debían vestir la toga viril que simbolizaba su paso de la pubertad a la adultez. Era una toga blanca de lana, sin ningún tipo de adorno ó bordado y debía ser vestida en el espacio público. 





Los niños (Cuya virtud resultaba evidente a los romanos) y los ciudadanos más prominentes pertenecientes a la élite senatorial, vestían la toga praetexta, cuyos extremos estaban delineados por un fino bordado de lino carmín. En el foro, previo a los comicios, aquellos ciudadanos que se presentaban para ser votados a un cargo público vestían la toga cándida que simbolizaba la honestidad del ciudadano y de la que proviene nuestro vocablo candidato -Similar a la viril, pero de un blanco inmaculado y resplandeciente producto de haber tratado la lana con el amoniaco extraído de la orina-. 


Las mujeres romanas portaban la estola. Similar a la toga, pero mucho más holgada en las caderas y generalmente con el escote delineado. A diferencia de los varones, podían teñir su prenda de colores claros o incluso confeccionarla con otras telas distintas a la lana.  


El tinte de color púrpura en la antigüedad era extraído de plantas y algunos insectos, y su fabricación para teñir telas era un proceso arduo y laborioso. Por tales circunstancias el tinte tenía un elevadísimo costo y era sólo utilizado por los más acaudalados, siendo un símbolo por si mismo de preeminencia social y poder. La toga picta purpúrea se convirtió en la toga predilecta de los emperadores romanos a partir de Claudio -Se hablaba coloquialmente de "vestir la púrpura" al ascender al poder- siendo reemplazada en el bajo imperio por túnicas y mantos de exquisita seda. 


Siempre se ha creído que la toga es una evolución del palio griego. Una suerte de manto más corto y ajustado, generalmente con el torso descubierto que habría sido adoptado por los etruscos y algunos otros pueblos latinos desde la Magna Grecia, adaptándolo a la usanza y necesidades del lacio. 


La toga junto con la tiara de laurel ó el penacho del équite romano es un símbolo que indefectiblemente nos remite a aquel pueblo. Sobrevivió a la propia Roma y su uso en la actualidad -Aunque anacrónico- reviste un aire que nos sigue recordando a una dignidad y  a un talante de otros tiempos. 





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