La introspección para superar nuestras propias debilidades y fortalecernos desde el autoconocimiento y vencernos a nosotros mismos; vencer nuestros miedos, nuestros fracasos y resurgir como nuestra mejor versión. En suma la virtud, que conlleva esfuerzo y sacrificio para conseguirla, cualquiera que esta sea, es completamente ajena al modelo de la excelencia mexicana; el chingón como concepto paradigmático del éxito.
El chingón, es aquel que chinga y no es chingado. Entendiendo el chingar, como un sinónimo de fornicar. El chingón se fornica a otros sin ser fornicado. Y entendiendo el acto mismo de la fornicación, de la cópula recreativa y sin fines reproductivos, como universal; lo mismo a hombres que mujeres por igual. Y quién lleva la voz cantante, el poder y la determinación es aquel que penetra. Si hablasemos entre hombres, es un acto de sodomía donde el rol activo es encomiable y el pasivo, motivo de denuesto y ridículo (La cultura del albur gira en torno a este tropo fundamental y está tan arraigada en las capas más marginales de la población, que no puede soslayarse su relación a este respecto).
Si es entre hombre y mujer, el interesante texto de Octavio Paz sobre los "hijos de la Malinche" da algunas pistas sobre la psicología que subyace en esta cosmovisión mexicana de la vida como una gran orgía de fornicadores y fornicados; y no es algo exclusivo de nuestra sociedad, pero el mito fundacional de la neurosis identitaria del mexicano, descansa sobre el deshonor de Malitzin y su violación por Hernán Cortés; simbolizando este asalto sexual la génesis de nuestro pueblo -Un origen, miserable- (Desde luego, es un relato falsario que alimenta el rancio historicismo priista que ha vuelto con renovado vigor en los nuevos propagandistas del actual régimen).
El chingón entonces tiene el papel activo en la cópula, y es una cópula terrible y agresiva. Una cópula que infama y que deshonra, y que en la perversidad de despojar de ese honor, descansa su mérito. El chingón es un agresor sexual -Su placer; su éxito social estriba del dolor y la humillación del otro-. Y no es una figura retórica o un rebuscado simbolismo; el chingón es literalmente un sinónimo que relaciona ciertas actitudes y comportamientos en la sociedad con una de las mayores vilezas del ser humano.
Las feministas podrían atribuir la excrecencia del concepto de chingón al machismo imperante en la sociedad. Y si bien el chingón exalta un comportamiento masculino deplorable, lo cierto es que va mucho más allá del falaz maniqueísmo feminista. El chingón antes que hombre, es el acto mismo de chingar.
Carece de género. Así, una mujer chingona tendrá que desarrollar un pene metafísico e intelectual, para chingarse a los demás. Y aquellas conductas más deplorables por la propia naturaleza del varón como ser dotado de falo (Único instrumento que ha provisto la naturaleza para la penetración, no por machismo, si no por dimorfismo y fenotipo sexual) debe reproducirlas una mujer; porque son conductas que se aprecian, tendientes al éxito.
Así pues, esbozando brevemente algunos elementos que subyacen en el concepto mismo ¿Qué puede decirnos de nosotros la exaltación del chingón? Desde luego que hay poco de encomiable y mucho de execrable. Este no es un sesudo análisis sociológico si no una brevísima disertación a vuelapluma, sobre algo que pareciera tan inocuo e irrelevante, pero que a poco que profundizamos al respecto, nos deja entrever un poco de la miseria de nuestras ideas mas arraigadas.
PD. Existe una campaña mercadológica de una empresa cervecera sobre "Ser chingones" y otra más de una asociación civil que promueve el voto, sobre aquello de que "Votar es de chingones".
No señores. Votar no es de canallas y de miserables. Y tomar cerveza, no será exclusivo de gentuza de tal talante (Me supondré que habrá gente buena que la consuma, aunque de esa marca no lo tengo claro).