Cuando el Aqua Claudia alimentaba por medio de la ingeniería hidráulica a Roma, el Barbaricum (Aquel territorio agreste e inhospito habitado por salvajes que vivían en árboles y cuevas) todavía se encontraba en la edad de piedra.
Aún entre bárbaros, había razas y estadíos de desarrollo civilizatorio. No es lo mismo el pueblo galo de Vercingétorix (Con forja y aldeas) que el pueblo vándalo (Cuyo mayor mérito además de lavarse y vestirse con pieles de animales era caminar en dos patas, ya que literalmente habían salido de cuevas y vados desecados).
En Britannia y la Germanía Superior se encontraban los pueblos más atrasados de la humanidad. Los más embrutecidos y bestiales; aquellos que tenían un desarrollo cultural más atrofiado. Los romanos estaban convencidos que era consustancial a la raza de estas gentes, la bestialidad y la brutalidad y estaban fascinados por la sencillez de estos salvajes que eran grandes y fuertes como toros; ello los hacía sus esclavos predilectos para las labores más extenuantes como la minería ó el campo. Un anglosajón en una finca (Con las convenientes amarras y cadenas) era un activo de muchísima valía.
Finalmente Roma sucumbió antes las hordas de salvajes que sin orden ni concierto desde el norte de Europa, asaltaron los limes del imperio y entraron en tropel a saquear las finas ciudades romanas. Pero el legado romano de la civilización no podía extinguirse tan fácilmente y fue en Hispania casi mil años después donde se tomó el relevo (Al fin y al cabo, no hubo romanos más fervorosamente romanos que los hispanos; de ello dan cuenta Trajano, Adriano ó Marco Aurelio).
Mientras Castilla conquistaba Granada o enviaba la primera expedición transcontinental y transoceánica de la historia de la humanidad, en un pozo infecto del norte de Europa llamado Inglaterra se instalaba la primera letrina pública del lugar. Mientras la Universidad de Salamanca publicaba el nuevo calendario que regiría la modernidad humana, los alemanes se ahogaban en una nueva pestilencia provocada por su falta de higiene.
Y diré más. Mientras abría sus puertas la real y pontificia Universidad de México, en Nueva York estaban tableando cuatro desarrapados piojosos alguna cabaña de pino para no morir de hipotermia. Cuando la monumental Catedral de la Ciudad de México se erigía, posiblemente en Washington algún desposeído anglosajón probaba suerte comiendo corteza de árbol para no morir de inanición.
Por una carambola histórica, además de su incansable espíritu criminal (Y por nuestra imbecilidad) los pueblos más atrasados y embrutecidos históricamente de Europa ostentan hoy en día la hegemonía del mundo. Es algo inconcebible pero al fin sucedió a finales del siglo XIX y principios del XX. Y hoy estamos subordinados a gente cuyos antepasados posiblemente, mientras Octavio se enseñoreaba del mundo, se balanceaban en alguna liana dentro de algún pantano pestilente de Teutoburgo.
Y hay gente que ama la cultura anglosajona. Que canta en inglés (Con una pasión desaforada) y que sueña con vivir en esos lugares que otrora eran, el detritus de la humanidad.
Que alguien me lo explique por que no lo entiendo en absoluto. La reflexión histórica es una asignatura pendiente en este desquiciado mundo.