Si evocamos en nuestra mente la imagen de una mujer piadosa, podríamos imaginarla en labores altruistas; en tareas de filantropía y asistencia a los demás.
La realidad es que el concepto de piedad, es mucho más que un valor determinado. Y en nuestra jerarquía axiológica católica, la conmiseración y la caridad (La caridad misma, como virtud teologal) son pilares fundamentales del pensamiento occidental. Pero el concepto de piedad adoptaba en la antigüedad formas que podrían parecernos del todo, ajenas.
Si hablamos de los misterios dionisiacos, un hombre piadoso podría ser aquel que se embriagase durante el mayor tiempo posible o aquel que pudiese mantener más relaciones sexuales completamente enajenado en el alcohol. Si hablásemos de los misterios eleusinos, el más piadoso de los hombres podría ser aquel que aguantase con mejor talante el ayuno previo a la bacanal.
La Pietas era la virtud en la religio (Que junto con la Virtus, y la Fides, eran las tres virtudes públicas romanas). Ser diligente y escrupuloso en los deberes para con la divinidad. Participar de sus ritos, de sus misterios, de su fervor público y tener una ética acorde a los principios que promueve, nos volvían o no, piadosos. Y la impiedad para con los dioses, era una mácula infamante que podría acarrear toda suerte de males en la vida (Amén del señalamiento social y del escarnio público).
Séneca habla de la impiedad de muchos pueblos a los que les acarreo la destrucción y la muerte como a los nubios. Suetonio habla acerca de la impiedad en últimos tiempos de los etruscos e incluso Virgilio habla de la impiedad de Turno y de su pueblo latino, derrotado por Eneas (Quien tenía el favor de Venus y de la asamblea de dioses). De la impiedad, podría derivar la ruina ó la servidumbre y necesariamente, alguien que hubiese caído en la miseria ó en la desgracia, habría perdido el favor de los dioses por impío.
De Roma se pueden narrar horrores inimaginables; de una brutalidad propia de pueblos menos desarrollados y de una crudeza bestial. Pero nunca se podría decir que no se esforzaban diligentemente en la piedad hasta niveles obsesivos. Que no custodiaban el fuego eterno y el honor de las vestales con rigor. Que no declaraban la guerra a otros pueblos si antes no habían abierto de par en par las puertas del templo de Jano. Que los augures no se aventuraban a desentrañar los vaticinios en los vísceras de las bestias sin antes haberlas ofrendado a Júpiter Óptimo Máximo; que trataban de congraciarse con sus dioses activa y escrupulosamente.
Y esa viva religiosidad (E incluso vestigios de sus ritos y misterios) la hemos heredado y el catolicismo tomó con igual recelo la piedad adaptada a sus nuevos valores (Las propias virtudes cardinales no son más que adendas de las virtudes cardinales del mundo grecolatino). De esa religiosidad, se habría nutrido la base misma de nuestra civilización.
Y en este nuestro tiempo que adopta nuevas formas ¿De qué forma la piedad se manifesta en el fervor público cuando la ideología ha matado a la religión?