jueves, 2 de mayo de 2024

Venceréis pero no convenceréis. Unamuno y el relato de la izquierda.

 En una ponencia con motivo al día de la raza en la Universidad de Salamanca, el rector don Miguel de Unamuno pronunció tales palabras. Entre la concurrencia, el general sublevado y fundador de la legión, José Millán-Astray, le increpó a gritos: "Muerte a la inteligencia" y "Viva la muerte".


Unamuno apoyaba la sublevación franquista. Pero vistos los excesos (El arresto y en algunos casos, la desaparición de algunos colegas y amigos del ámbito intelectual) se convirtió en sus últimos meses en un encendido opositor. Aquella tarde en Salamanca, pudo salir con vida gracias a que Carmen Polo le ofreció su brazo para salir del recinto universitario; la mujer del dictador le habría salvado la vida. 


Permaneció en reclusión domiciliaria lo que le restó de vida. Le fueron retirados muchos honores y un día antes de su muerte, se le despojó de la rectoría salmantina. Murió apestado por el régimen, pero su frase tal y como si fuese una sentencia inexorable, marcó el devenir del franquismo; de la victoria de los sublevados y del posterior régimen excepcional que duró cerca de cuatro décadas. 


La izquierda no venció, pero convenció con el transcurso del tiempo. Confeccionó el relato de la resistencia democrática (Cuando lo cierto es que los últimos estertores de la república se habían caracterizado por el autoritarismo del frente popular y el pistolerismo como curso de acción política, razón la cual la sublevación fue tremendamente popular y granjeo tantos apoyos). Y hoy en día, el historicismo maniqueo, sigue pintando a los republicanos como seres de luz y a los sublevados como demonios abyectos; sin matices y sin claroscuros. 


Venceréis, pero no convenceréis. Venceréis porque tenéis sobrada fuerza bruta, pero no convenceréis porque convencer significa persuadir. Y para persuadir necesitáis algo que os falta en esta lucha, razón y derecho.


Cierto es que la legitimidad de los sublevados, descansaba en última instancia en la punta de los fusiles (La norma hipotética fundamental kelseniana) y la razón que les asistía en su propia interpretación de los hechos, era salvar a España del comunismo. 


¿Alguien duda de la instauración de una república socialista sin la sublevación fracasaba? 


Uno de los más grandes genios del siglo XX tampoco estuvo exento del error. 

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