martes, 9 de enero de 2024

La piara de Epicuro ó la estoa de Zenón: Ideologías grecolatinas

 Si bien la profundidad del pensamiento filosófico es anterior al desarrollo de Roma y es, enteramente, obra y mérito de la Grecia prehelenística, en la ciudad del Lacio se cultivaron exhaustivamente dos cosmogonías igualmente griegas; dos sistemas que daban uniformidad y sentido a la realidad. Y que más que sistematizar la universalidad del conocimiento, encuadrarían perfectamente en lo que entenderíamos por el concepto moderno de ideología.


Y creo que la dicotomía de ambas doctrinas, es una constante en el discurrir de las sociedades humanas a lo largo de la historia; que si bien en Roma podemos atribuir entidad semántica y realidad semiótica a ambas entelequias representadas por el hedonismo y el estoicismo, el devenir de la humanidad indefectiblemente tira por alguno de ambos derroteros. El sacrificio y la disciplina en contraposición al placer y al disfrute. Incluso pareciera la contradicción fundamental de la condición humana. 


En cualquier caso, la adscripción a cualquiera de ambas doctrinas de alguno de los grandes personajes romanos, nos regalaron con el paso del tiempo momentos torales en la cultura de Roma. Sin el hedonismo no podríamos entender las deliciosas Odas de Horacio ó la exquisita lírica del Arte de Amar de Ovidio. Sin el estoicismo no tendríamos la inflexible ortodoxia moral de las Filípicas Ciceroneanas ó las profundas Epístolas de Séneca. En suma, sin cualquiera de ambas doctrinas, no podríamos entender la convulsa y compleja realidad romana. 


Incluso podemos establecer una correlación en el desarrollo de la propia Roma con ambos sistemas. Inicialmente, una sociedad agrícola arraigada en el arduo trabajo del campo, que podríamos simbolizar con el paradigmático dictador Cincinato que representa los más altos valores de la tradición romana; el desprecio al poder y a la ostentación y la devoción al deber, a la familia y a los dioses. En contraposición, esta moral romana que comenzaba a trastabillar con la influencia helenística y su resistencia reactiva; desde Catón el Censor tildando a los griegos de incontinentes y sodomitas hasta Escipión El Africano, extrañado de que muchos de sus hombres acudiesen al novedoso para aquel tiempo Gimnasio para tonificar sus cuerpos y ser mas atractivos; algo completamente disparatado para el talante de cualquier hombre que se preciase de ser romano. 


Las liberalidades griegas encontraron justificación en el hedonismo, mientras que el estoicismo fincaba su raíz en la romanidad clásica. A la postre, el helenismo barrio por completo la tradición romana -Y de idéntica forma, los valores estoicos sucumbieron ante el hedonismo más exacerbado-. Y con el hedonismo, los valores que permitieron a Roma enseñorearse del mundo se desvanecieron y de Roma, solo prevaleció el recuerdo de la tradición, embriagado en el exceso y el deleite.

 

Llegaría la axiología cristiana y el rescate de ciertos elementos estoicos para nutrir su doctrina. Pero de esa dicotomía entre ambas doctrinas; de aquella dialéctica viva que había forjado el desarrollo cultural del imperio más grande de la antigüedad, sólo conservamos una minima parte como testimonio de su magnificencia. 


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