martes, 10 de octubre de 2023

La destrucción de Judea y la Palestina milenaria.

    Un suceso en la historia de Roma consolidó el imperio; el año de los cuatro emperadores. La dinastía Julio-Claudia trastabillaba después del suicidio de Nerón y el trono imperial se encontraba vacante. Y como una reminscencia del pasado, la última voluntad alejandrina recobraba vigencia en la actualidad romana. 

-¿Quién heredará el imperio? 

-El más fuerte. 

Y así es como la paz augustea llegaba a su fin y los ejercitos romanos marchaban por todos los rincones de la tierra para disputarse el poder (Un escenario que se repetiría infinidad de ocasiones a partir de aquel momento). Y finalmente uno de los generales se hizo con el trono; Vespasiano. 

Fig. 1.
En gran parte, el triunfo de Vespasiano y su consolidación se debió a la exitosa campaña militar en la provincia de Judea; varios grupos militares rebeldes se habían alzado contra el poder romano para recuperar su autonomía. Quien culminó el esfuerzo militar fue su hijo Tito y de Jerusalén obtuvieron cuantiosos recursos económicos para sufragar el asalto al poder imperial así como ingentes cantidades de cautivos para la construcción de grandes proyectos de infraestructura urbana en Roma; tal vez el más ambicioso fue el monumental anfiteatro Flavio (El celebérrimo Coliseo). 

Y Jerusalén había sido reducido prácticamente a los escombros y esquilmada hasta la saciedad. El triunfo de Tito sobre la vía Apia, habrá sido algo digno de contemplar (Con una hilera de miles de prisioneros judíos, cargando toneladas de oro y toda clase de tesoros y reliquias; posiblemente el triunfo mas exultante y obsceno de la historia romana). Tenemos buena cuenta de todo cuanto ocurrió por medio de un advenedizo judío que traicionó no sólo su bando militar como galileo rebelde, si no la memoria de su pueblo al escribir la Guerra de los Judíos desde la mayor admiración a Roma; Flavio Josefo. 

Sin duda uno de los personajes más miserables y acomodaticios de la historia. Antes de ser capturado por los romanos sugirió a sus compañeros rebeldes un suicidio colectivo. Y de una guarnición de cuarenta hombres todos se mataron entre sí salvo él y un compañero. Tuvo un "sueño premonitorio" donde vislumbró la conquista del poder imperial a manos de Vespasiano; éste lo consideró un vaticinio propicio y de esclavo cautivo se convirtió en hijo adoptivo del emperador. 

Más allá de la miseria moral de Flavio Josefo, lo cierto es que la provincia de Judea quedó bastante maltrecha desde aquel momento. Sesenta años más tarde, sería el emperador Adriano quien haría de Judea directamente un erial después de otra rebelión. No sólo destruiría hasta sus cimientos los despojos de lo que quedaba del segundo templo de Jerusalén (Del que sobrevive hasta nuestro días un fragmento de muro); si no que trataría de borrar cualquier vestigio judío de la región.

Erigió una nueva ciudad sobre las ruinas de Jerusalén, Aelia Capitolina y cambió el nombre de la provincia de Judea, convirtiéndose en la provincia de Siria Palestina. Y aunque la religión judía quedó oficialmente proscrita, la inmensa mayoría de la población semítica originaria continúo en su emplazamiento original y esto es así desde hace poco más de 1800 años. 

Es realmente curioso que quien se reclama hoy judío (La mayoría con ascendencia del este de Europa) y que adscribe las doctrinas del movimiento sionista, pueda obviar la profusidad factual de la historia. Los palestinos son descendientes directos de los antiguos judíos que habitaban en la región y no hay nada más antiguamente judío, que el arameo del que derivan las modernas lenguas semíticas como lo es el árabe. 

Es un completo disparate y una paradoja sin sentido ninguno.

Fig. 1. Relieve en el arco de Tito, donde se muestra la procesión triunfal en Roma con la Menorá saqueda del segundo Templo de Jerusalén.

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