martes, 26 de septiembre de 2023

La Sibila de Cumas, Dante y Virgilio.

  Dante fue conducido en su transito infernal por el poeta Virgilio quien parecía conocer todos los detalles y entresijos de aquel infame lugar ¿Pero quién instruyó al preferido de Mecenas en tales misterios? No fue otra que la Sibila de Cumas: quien hizo lo propio con Eneas en su periplo del tártaro en pos de reencontrarse con su bienamado -Nada más y nada menos que por la diosa Venus- Anquises. 

La sibila a través de la literatura latina y la tradición, se nos presenta como un riquísimo personaje, rodeado por una atmósfera de misterio. Desairando el amor de Apolo, pidió una longeva vida -Nueve vidas humanas- y este se la concedió sin otorgarle una juventud igualmente larga; siendo que en sus últimos días no era si no un ser informe de tamaño diminuto que susurraba en su antro, aprisionada en una jaula para aves, con voz aguda, lastimera y casi inaudible: "Quiero morir". 

En otro tiempo -Supondré que con mayor juventud- se habría presentado ante Tarquinio el soberbio con nueve libros proféticos de todo lo que sucedería en la historia de Roma -Los legendarios libros sibilinos-, pidiendo una suma exorbitante de oro a cambio de los tomos. Tarquinio se echó a reír y la Sibila quemó tres de los nueve libros. Volvió a solicitar la misma suma por los seis restantes y Tarquinio volvió a negarse, ahora ya visiblemente molesto. La Sibilia volvió a prender fuego a tres libros más y solicitó la misma suma que habia pretendido ahora sólo por los tres últimos. En esta ocasión, Tarquinio accedió ante el riesgo de perder toda la obra y los tres tomos se custodiaron dentro del templo de Júpiter Óptimo Máximo durante cientos de años, siendo consultados regularmente por los augures hasta su pérdida por las llamas en el incendio del año 83 a.c.

Fue un personaje mítico de la historia romana. Y la elección de Virgilio de conducir al averno al precursor de Roma es entendible. La sibila acompañaba las leyendas y tradiciones de la ciudad desde antiguo. Si alguien conocía sobre la magia, la necromancia y tenía la llave otorgada por Hécate para resquebrajar la tierra y abrir un acceso al inframundo debía de ser ella. 

Más curiosa es la elección de Dante de reemplazarla por el propio Virgilio. Me habré de suponer que como un timbre de orgullo al ser el máximo poeta del pasado romano -En una incipiente suerte de protonacionalismo italiano- y por conocer, por interpósita inspiración, los misterios del averno gracias a a la diligente conductora del príncipe troyano. Y Virgilio además, al relatar la máxima epopeya romana y construir un hilo conductual entre Anquises y Augusto, bien podría continuar aquel hilo hasta la revelación cristiana y la grandeza florentina; heredera de aquel pasado glorioso en el que se recrea La Eneida. 
 




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