martes, 19 de septiembre de 2023

La apoteosis: La esencia del poder.

 En el acto de la apoteosis, un ser humano es acendido por encima de la mortalidad hacia la trascendencia divina. En la antigüedad, tal privilegio era reservado para unos cuantos prohombres y en la actualidad, con el declive de las religiones -Que no del pensamiento mágico y religioso, que está más presente que nunca en las nuevas ideologías de la posmodernidad- está prácticamente en desuso.

En Roma, el primer ascendido fue Rómulo, quien fue reclamado por su padre antes de morir y fue abducido hacia los Campos Eliseos desde el Campo de Marte. El culto a su figura, era algo mucho más extendido que los cultos a los penates o a los manes familiares, exaltando sus gestas en rituales y ceremonias públicas. La heroicidad, como ocurrió con otras tantas figuras de la antigüedad como Hércules o Aquiles, tenía una difusa y delgada línea con la divinidad. Tal vez el caso más emblemático, es el culto al Divo Julio, que resultó de la apoteosis del finado Julio César días después de su asesinato en el senado romano; siendo la apoteosis de los emperadores a partir de Augusto un sucedáneo de esta apoteosis primigenia del gran hombre del Estado romano -Siendo a partir de Calígula que la apoteosis se comenzó a realizar en vida del emperador-. 

La efigie del emperador se mostraba por todos los sitios del imperio; en las monedas y en los edificios públicos, en el senado, en la imago del emperador y en los estandartes de las legiones. Su culto era universal y era el culto al poder más omnimodo y absoluto. El culto al poder encarnado en un ser humano que obraba con justificación y última ratio, de una autoridad que venía más allá de las leyes del hombre y que su preeminencia divina no podía ser si no acatada sin ningún tipo de resistencia. Pero la propia naturaleza del dios, no permite a largo plazo que uno como nosotros encarne tal dignidad; lleno de falencias, debilidades, defectos y errores. La apoteosis perfecta debe ser la de un hombre ausente; la de un muerto que no permita comprobaciones de su carácter divino.  

Es en la figura de Jesucrito, donde la idea de la apoteosis cobra su mayor relevancia, siendo además, el candidato idóneo. Con una historicidad difusa (Están los textos de Flavio Josefo; atacados de ser transpolaciones falsarias y los evangelios), una ausencia material de siglos y la cohesión de una organización disciplinada y metódica como lo es la Iglesia se logró tal fin. Y así como el senado romano decidió la apoteosis de Julio César por decreto, es en el primer concilio de Nicea donde la divinidad de Cristo es sancionada más que jurídica, universalmente.

Y el culto a Cristo dejó de ser el culto al poder. Era más bien, el culto a la impotencia. La religión de los esclavos (Parafraseando a Nietzsche) prendió como polvora en una humanidad que si algo ha tenido siempre es una mayoría desposeída y miserable. "Alguien como yo, ahogado en la miseria es virtuoso e hijo de Dios" se podría decir a si mismo alguien en el siglo primero o alguien en el siglo veinte. Es un mensaje mucho más fácil de vender y del cual cualquiera podría extraer una identificación personal que diera sentido a su vida; un mensaje universal porque universal es la pobreza. 

Y aunque el mensaje cristico es el de ensalzar la humildad, los jerarcas de la iglesia investidos de incontestable poder dominaban con puño de hierro todos los aspectos de la vida medieval. La política, la economía y la religión pasaban por los estamentos religiosos con preeminencia sobre cualesquiera otros. La sustitución de los grandes héroes de la antigüedad donde la obscenidad de la fuerza y del poder daban cuenta de su valía, cedía el paso a beatos y santos que dedicaban su vida a seguir las enseñanzas de Jesús e incluso las gestas de los hombres más fuertes, valientes y bravos, sólo eran virtuosas en tanto que buscasen engrandecer el nombre de dios -Un dios ausente elevado a la apoteosis siglos atrás, que inspira las acciones de aquellos que dirigen el orden social-. 

Así es como la apoteosis legitima el poder. Y en este tiempo donde la religiosidad occidental se encuentra en sus horas más bajas -Porque se duda de la existencia de un dios y de cualquier fenómeno sobrenatural- ¿Cómo encuentra legitimación el poder? ¿En la racionalidad? ¿O un nuevo artificio se ha erigido para despojar a la apoteosis de su elemento sobrenatural y que siga cumpliendo su cometido? 


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