jueves, 28 de mayo de 2026

El Bebé de Rosemary y el Vaticano II.


Si bien Polanski, de raigambre judía y sobreviviente del Holocausto no tiene ningún tipo de conexión con las vivencias de Rosemary (como tampoco el también judío Ira Levin, autor de la novela). Y ciertamente, el costumbrismo del supuesto catolicismo de la joven madre de origen irlandés está completamente diluido, salvo por su apellido de soltera evidenciando que Polanski está fuera de la esfera católica, sí que existe un detalle que podría significar más de lo que parecería evidente.

​Estando en la cena con sus molestos vecinos, hay críticas hacia la pompa papal y la riqueza de la Iglesia por parte de Roman Castevet, mientras mencionan en televisión la visita de Pablo VI a Nueva York. También después de haber consumido el mousse de Minnie Castevet y caer en aquel sueño tan vívido del barco (donde presuntamente habría sido inseminada en algún tipo de ritual satánico) Pablo VI se manifiesta en el mismo, como si fuese parte de la ceremonia. Y se podría pensar que el Papa no pertenece a la secta y es un símbolo que manifiesta la culpa religiosa, la desesperanza de Rosemary y la burla de Satanás a una figura tan prominente del catolicismo.

​Pero hay un elemento toral para considerar la inclusión de Pablo VI y una fecha concreta para entender la implicación del Papa en la conjura satánica. 1965. Continuaban las deliberaciones del Concilio Vaticano II donde la Iglesia adoptó ciertas medidas tendientes al aggiornamento (acercarse a la modernidad) que está imbuida profundamente de la ideología más exitosa del siglo XX y enemiga declarada del catolicismo; el liberalismo.

​Antes del Vaticano II, la Iglesia veía al mundo como un sitio corrompido. Es un lugar donde el pecado prolifera y era labor de la Iglesia prevenir a los fieles de su influencia y perversidad intrínseca. Pero después de las resoluciones adoptadas por el Vaticano II, la Iglesia se separa de esta concepción; de este escepticismo a la realidad mundana y abraza una suerte de solidaridad universal. No ve ya en su misión, una preparación para la vida eterna en Cristo siguiendo sus preceptos fuera de la influencia del mundo sino un espacio vigente donde cumplir su misión apostólica.

​Además, se acerca a conceptos muy controversiales del liberalismo político como lo son el ecumenismo o la libertad religiosa sucumbiendo en una subalternidad de la vida; un accesorio de la mundana realidad como lo puede ser tener un empleo o comprar una camioneta; no un proyecto de vida integral como lo había sido hasta antes de estas nuevas proclamas.

​Y el primer Papa que rige bajo estas nuevas tablas de la ley del concilio más polémico y más divisivo de la historia de la Iglesia, es justamente Pablo VI. Incluso, en algunas exégesis muy tradicionalistas del tercer secreto de Fátima, se cree que la contaminación liberal de la Iglesia a partir de Vaticano II, es, en palabras del propio Pablo VI, "el humo de Satanás que ha entrado en el templo de Dios".

​Es altamente improbable que un judío de Brooklyn sea un fanático del devenir de la Iglesia y de la crisis más profunda que ha tenido (aunque no estaría de más conocer un poco más sobre este hombre) Pero ¿y si el Papa estaba también conjurado para concebir a Adrián? Había viajado a Nueva York justo aquella noche...

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