miércoles, 13 de marzo de 2024

Freud ante la posmodernidad (Y el reggaeton).

 En "El malestar de la cultura", Freud equipara a la cultura a una compulsión. Es una gran orgía simbólica que busca canalizar todo el frenesí instintivo, desde la represión personal. Haciendo de la cultura, por si misma, un lastre de la salud mental. 

El desprecio de Freud por el fenómeno cultural y su naturaleza que califica de neurótica, comprende el hecho de que la cultura busca la sublimación de los instintos. Sin los rituales y las convenciones culturales, seríamos libres de entregarnos a nuestras más bajas pasiones. 


Desde luego, que el grado de complejidad cultural de una determinada sociedad, marcaría el grado de desafección y de desprecio por nuestra propia naturaleza instintiva. Si bien existen los grandes mitos fundacionales de la cultura (Los primeros tabús, como la proscripción del incesto y los cultos animistas y totémicos), la sofisticación cultural no es sino un perfeccionamiento de esa incipiente cultura primigenia; un retruecano para la desafección instintiva. 


¿Pero qué sucede cuando las manifestaciones culturales lejos de enajenar nuestra propia naturaleza la exacerban? Lejos de la represión neurótica es la apología de los instintos más básicos. Un Brayan se entrega de lleno a sus pulsiones más rudimentarias. Sin reparo moral ninguno; sin el menor atisbo de mortificación y una Jennifer perrea intensamente sólo preocupada por el disfrute más inmediato y la retribución del placer más instantáneo. 


La contracultura de los márgenes sociales que se ha vuelto hegemónica por virtud de los medios de comunicación es la negación de la cultura misma en términos freudianos. Es una cultura que destruye a la cultura previa y la niega en su esencia. El "lumpen" en términos marxistas (Aquella masa social desposeída, alienada y embrutecida) marca el camino; es la vanguardia del futuro. 


Ello demuestra lo desacertado de la teoría cultural de Freud. O por el contrario, haría patente el hecho mismo que más que la cultura, es la moral la represora de los instintos. Pero dónde Freud ve causalidad, es una simple correlación y en un mismo marco cultural (El liberalismo) puede surgir una moral antitética a la moral previa. 


No sé yo, hasta que punto una moral que hace apología de la sexualidad más desenfrenada enarbolada por los parias y el detritus social; devenidos hoy en día por virtud de la propaganda en iconos culturales sea más valiosa que una moral de la represión de los instintos. En cualquier caso, Freud seguramente si viviese hoy en día, se debatiría entre la estupefacción y el asco más profundo. El reggaeton le mantendría completamente obnubilado en su complejidad ontológica; inmerso en una fascinación intelectual. 





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